NUEVA YORK (AP).— Tos en un tren subterráneo: es un sonido tan familiar en Nueva York como las bocinas en el tráfico. Por eso Michelle Henriques se sorprendió el otro día cuando en su viaje al trabajo en la mañana un hombre tosió y otro pasajero le dijo con aspereza: "¿Le importaría taparse la boca?".
"Es la primera vez que escucho un comentario así", asegura Henriques, asistente en una empresa de filmaciones de Manhattan.
Hay poca evidencia de pánico en Nueva York, donde se registró la mayor concentración de casos de gripe porcina en EEUU, o en otros lugares del país. Pero mientras las autoridades intentan comprender el alcance de la amenaza, la enfermedad ya produjo cambios sutiles en algunas rutinas cotidianas e interacciones sociales, incluso en estados en los que no se han registrado casos.
Para Henriques, 29, la mañana que comenzó con el comentario cortante en el tren continuó con una visita urgente a la farmacia para comprar media docena de envases de desinfectantes para manos para la oficina. "Las colocamos por todos lados, cerca de la cocina, los baños, la máquina fotocopiadora, los buzones", dice.
Y parecería que muchos neoyorquinos han estado haciendo visitas similares a las farmacias en los últimos días: en algunas ya no quedan máscaras quirúrgicas.
"Se terminaron. Están todos como locos con la gripe porcina", se disculpó un farmacéutico de Duane Reade en Manhattan la semana pasada al ver que un cliente buscaba en un estante vacío.
Algunas personas, como Nancy Friedman, una madre de dos hijos de Manhattan, intentaban reaccionar de manera filosófica con respecto a la amenaza y cambiar muy poco o nada —por ahora—.
"Supongo que no considero la gripe una amenaza mayor que cualquiera de la gran cantidad de cosas que podrían suceder en Nueva York", asegura Friedman. "Ya viví lo que sucedió el 9/11, y no es que me gustaría pasar por algo así de nuevo, pero después de eso uno tiene la sensación ‘Puedo enfrentarme a lo que sea’".
De todas maneras, Friedman espera que el buen tiempo continúe para poder seguir llevando a sus mellizos de nueve años caminando a la escuela y de regreso a casa, y no tener que tomar el autobús, como hacen normalmente. Y agrega, "Presto mucha atención a las personas que tosen o estornudan, especialmente cerca de mis hijos". Además de ser más insistente para que los niños se laven muy bien las manos, "en vez de la técnica que usan habitualmente ‘están mojadas así que están limpias’".
Sean Mintus, escritor de Manhattan, no puede evitar el transporte público. "Trabajo en la zona media de la ciudad, de manera que la idea de evitar el transporte público o las multitudes es algo imposible", dice. Aunque Mintus, 27, no usa una máscara en el subterráneo, está llevando la cuenta: vio a cinco personas usándolas una mañana la semana pasada.
Todo lo que puede hacer, asegura Mintus, es lavarse las manos, algo que ya formaba parte de sus hábitos de todas maneras. "Fui criado por una de lss principales hipocondríacas de EEUU., así que mi ritual de lavado de las manos ya era más cuidadoso que el de la mayoría de los cirujanos traumatólogos", asegura.
Una nueva encuesta de Gallup indica que la mayoría de los estadounidenses, como Mintus, no cambiaron sus conductas de manera significativa. En la encuesta realizada el martes de la semana pasada se concluye que solamente 1 a 3% de las personas entrevistadas habían cancelado un viaje, evitado el transporte masivo o hacer compras o comer afuera, habían faltado al trabajo para quedarse en casa o no habían enviado a un niño a la escuela el día anterior.
Los padres de menores de 18 años tenían una probabilidad ligeramente más alta de sentirse preocupados ante la gripe porcina, sin embargo, y una cantidad de madres entrevistadas dijeron que estaban tomando diferentes precauciones, incluyendo considerar no enviar los niños a la escuela, si la situación empeoraba.
Eso sucede a pesar de las recomendaciones de los expertos, que aseguran que la única muerte en EEUU., la de un niño de 2 años de México, no debería ser causa de alarma. Aunque 55 niños murieron de gripe común esta temporada, la mayoría de los niños que enferman debido a las cepas más agresivas de gripe no mueren. Y hasta el momento, afirman los expertos, no hay motivos para pensar que la nueva cepa será diferente.
Pero intenten convencer a una madre como Karen Rich, de Montgomery, Alabama, un estado en el que aún no se ha detectado la gripe porcina.
"Siempre estoy nerviosa debido a los gérmenes, de manera que siempre llevo conmigo el desinfectante para manos y las toallitas Purell", dice Rich, madre de dos niños de 2 y 4 años. "Ahora mi nivel de ansiedad es mayor. Me lavo las manos incluso más seguido".
Rich tiene planes de viajar pronto a Virginia para buscar casa, y está considerando usar una mascarilla en el avión. "Y si mañana me despertara resfriada, me tomaría la temperatura a cada minuto", asegura.
Al igual que Rich, Ilina Ewen admite que tiene fobia a los gérmenes, y siempre lleva toallitas y desinfectante para las manos en el bolso, en el automóvil, en las mochilas de los niños. Y a pesar de que no se han registrado casos de gripe porcina en Carolina del Norte, donde vive, Ewen ya hizo un cambio: no dejará a su hijo de tres años en la guardería del gimnasio en el que ella hace ejercicio, por temor a que se contagie.
"No se puede vivir con miedo", dice Ewen, de Raleigh. Al mismo tiempo, sin embargo, conoce el valor de tomar precauciones, después de haber pasado por un caso grave de tos ferina el año pasado, junto con su esposo y su hijo de 2 años. Ahora insiste tanto en el lavado de manos en la casa que su esposo se enoja.
Lynn Wilson vive a unas pocas millas de distancia de la Universidad de Delaware, donde las autoridades sospechan que hay 10 casos de gripe porcina entre los estudiantes.
"Sí, mi vida cambió", asegura. "Estoy acumulando alimentos. Acabo de comprar más medicamentos para la fiebre. Todas las mañanas les recuerdo a mis hijos que se laven las manos en la escuela. Esta mañana, hablamos sobre intentar no tocarnos el rostro".
¿Qué medidas toma ella? "Me lavo las manos, muchas veces. Recién limpié la casa y usé toallitas Clorox en todas las superficies", asegura. "Intento mantener la calma, pero pienso mucho en esto. La idea de intentar proteger a mis hijos de una enfermedad invisible, altamente contagiosa, es preocupante".
Lo que la hace aún más preocupante es la constante cobertura de los medios, que sin dudas asusta a las personas mucho más de lo que las ayuda, asegura Scott Geller, profesor de psicología en Virginia Tech.
"Se lo denomina un sesgo negativo: miramos una historia en el noticiero, y nuestros ojos quedan atrapados por lo negativo", dice Geller, que se especializa en percepción del riesgo. "Estamos mucho más influenciados por casos de estudio que vemos que por las estadísticas totales".
Lo que es peor, asegura Geller, las personas se sienten muy nerviosas porque sienten que no pueden controlar la situación, no saben qué pueden hacer y se sienten paralizadas.
Kym Lukosky no es alguien que se permita sentirse paralizada. "Es mucho mejor pensar en lo que podría suceder y estar preparado", dice esta madre de tres hijos en Seattle. Ha estado preparada para una pandemia de gripe desde la amenaza de gripe aviar en 2006, con guantes de látex y máscaras para respirar de máxima calidad en la casa y suficientes alimentos —arroz, frijoles, pasta y similares— para un mes.
"Por ahora, el plan es estar preparados y observar", asegura, especialmente considerando que la gripe porcina no se detectó en el estado de Washington. Pero también ha mantenido serias conversaciones con su esposo en los últimos días.
Se preguntan en qué momento sería bueno dejar de enviar los niños a la escuela y encerrarse en la casa.
"Es una pregunta difícil, y no tenemos la respuesta todavía", dice Lukosky. "Pero estamos hablando sobre eso. Si la cantidad de muertes llega a determinado punto, no los enviaremos a la escuela para protegerlos. Estamos hablando de alterar unas pocas semanas en sus vidas. ¿En qué momento se vuelve más importante la seguridad de un hijo?"
NUEVA YORK (AP).— Tos en un tren subterráneo: es un sonido tan familiar en Nueva York como las bocinas en el tráfico. Por eso Michelle Henriques se sorprendió el otro día cuando en su viaje al trabajo en la mañana un hombre tosió y otro pasajero le dijo con aspereza: "¿Le importaría taparse la boca?".
"Es la primera vez que escucho un comentario así", asegura Henriques, asistente en una empresa de filmaciones de Manhattan.
Hay poca evidencia de pánico en Nueva York, donde se registró la mayor concentración de casos de gripe porcina en EEUU, o en otros lugares del país. Pero mientras las autoridades intentan comprender el alcance de la amenaza, la enfermedad ya produjo cambios sutiles en algunas rutinas cotidianas e interacciones sociales, incluso en estados en los que no se han registrado casos.
Para Henriques, 29, la mañana que comenzó con el comentario cortante en el tren continuó con una visita urgente a la farmacia para comprar media docena de envases de desinfectantes para manos para la oficina. "Las colocamos por todos lados, cerca de la cocina, los baños, la máquina fotocopiadora, los buzones", dice.
Y parecería que muchos neoyorquinos han estado haciendo visitas similares a las farmacias en los últimos días: en algunas ya no quedan máscaras quirúrgicas.
"Se terminaron. Están todos como locos con la gripe porcina", se disculpó un farmacéutico de Duane Reade en Manhattan la semana pasada al ver que un cliente buscaba en un estante vacío.
Algunas personas, como Nancy Friedman, una madre de dos hijos de Manhattan, intentaban reaccionar de manera filosófica con respecto a la amenaza y cambiar muy poco o nada —por ahora—.
"Supongo que no considero la gripe una amenaza mayor que cualquiera de la gran cantidad de cosas que podrían suceder en Nueva York", asegura Friedman. "Ya viví lo que sucedió el 9/11, y no es que me gustaría pasar por algo así de nuevo, pero después de eso uno tiene la sensación ‘Puedo enfrentarme a lo que sea’".