Extraviarse, romper o perder cosas, llegar tarde al colegio, ir al dentista, presenciar peleas entre papá y mamá o la llegada de un nuevo miembro en la familia son situaciones que pueden desencadenar estrés en los niños.
Se ha vuelto tan popular esta palabra en la vida diaria, que ni los más pequeños del hogar están exentos de este mal, producto de los días acelerados que trae consigo la modernidad.
El estrés puede funcionar como una interacción entre la persona y su entorno. Psicopedagogia.com refiere que puede ser provocado por cualquier situación que requiera adaptación o cambio, ya sea físico o emocional.
La psicóloga Cristina Sánchez, indica que en el caso de los niños, el estrés está relacionado con un estímulo ambiental y social.
"La sobrecarga de actividades o que el ambiente del hogar esté en constante tensión, ocasionan un cambio en el comportamiento del pequeño".
Un niño estresado, agrega, puede mostrarse irritable, poco tolerante, llorón, con malestares físicos, como dolor de cabeza y estómago, además de bajo o nulo rendimiento.
Estresores comunes
Los ambientes más próximos a los que tiene contacto un niño son la familia y la escuela, y en estos contextos es donde generalmente se ubica la mayoría de los estresores que impactan su conducta.
"Vivir en una metrópoli provoca, entre tantas cosas, un estrés urbano.
Las distancias prolongadas y las presiones constantes son características del estilo de vida que siguen muchos de los padres de familia que, a su vez, terminan imponiendo a sus hijos", explica Sánchez.
Sumado a los conflictos del hogar, está la imposibilidad de dar una respuesta adecuada a las exigencias cotidianas, que provoca en los niños una ansiedad desmesurada, misma que pudiera reflejarse en hábitos, como torcer o arrancar los cabellos, tics nerviosos, mascar y chupar cualquier objeto, e incluso, morder la piel o las uñas.
Y tú, ¿sabes detectarlo?
Al igual que en los adultos, el estrés infantil se observa más frecuentemente como una reacción física evidente, por lo que algunos focos preventivos pueden ser el llanto, sudoración en las palmas de las manos, correr en dirección opuesta, arranques agresivos o defensivos, comportamientos de mecerse o consolarse a sí mismo, accidentes con el control de esfínteres (orinarse, por ejemplo) y perturbaciones del sueño, indica la página web de psicopedagogia.com.
Cuando el estrés es originado como una reacción, menciona Sánchez, se habla de algo momentáneo, pero cuando el estilo de vida que se lleva a diario implica una tensión, esto puede estar relacionado con algo crónico.
Cómo evitarlo
Manuel de la O Cavazos, pediatra y director del Centro Médico del Niño, indica que estar en constante vigilancia de los hijos hará que se detecten a tiempo los factores que estén provocando tal nivel de estrés; esto es importante para que el padecimiento no se convierta en el detonante de trastornos más severos como ansiedad o depresión.
También aconseja que, aunque es inevitable que los niños vivan ciertas situaciones que los sobrecarguen emocionalmente, lo mejor es que los padres procuren exigir sólo aquello que cada hijo pueda dar, además de ofrecer momentos de diversión y tranquilidad.
"Tener un plan de vida es algo que ayuda a los padres. Replantearse qué es lo que quieren para ellos y su familia, qué objetivos tienen dentro del hogar y no vivir sólo el día a día, pues a medida que tengan claro sus expectativas como pilares de familia, podrán transmitir más seguridad y tranquilidad a sus pequeños".
Y es que si los padres están estresados, agrega, es muy probable que los hijos también lo estén.
Extraviarse, romper o perder cosas, llegar tarde al colegio, ir al dentista, presenciar peleas entre papá y mamá o la llegada de un nuevo miembro en la familia son situaciones que pueden desencadenar estrés en los niños.
Se ha vuelto tan popular esta palabra en la vida diaria, que ni los más pequeños del hogar están exentos de este mal, producto de los días acelerados que trae consigo la modernidad.
El estrés puede funcionar como una interacción entre la persona y su entorno. Psicopedagogia.com refiere que puede ser provocado por cualquier situación que requiera adaptación o cambio, ya sea físico o emocional.
La psicóloga Cristina Sánchez, indica que en el caso de los niños, el estrés está relacionado con un estímulo ambiental y social.
"La sobrecarga de actividades o que el ambiente del hogar esté en constante tensión, ocasionan un cambio en el comportamiento del pequeño".
Un niño estresado, agrega, puede mostrarse irritable, poco tolerante, llorón, con malestares físicos, como dolor de cabeza y estómago, además de bajo o nulo rendimiento.
Estresores comunes
Los ambientes más próximos a los que tiene contacto un niño son la familia y la escuela, y en estos contextos es donde generalmente se ubica la mayoría de los estresores que impactan su conducta.
"Vivir en una metrópoli provoca, entre tantas cosas, un estrés urbano.
Las distancias prolongadas y las presiones constantes son características del estilo de vida que siguen muchos de los padres de familia que, a su vez, terminan imponiendo a sus hijos", explica Sánchez.
Sumado a los conflictos del hogar, está la imposibilidad de dar una respuesta adecuada a las exigencias cotidianas, que provoca en los niños una ansiedad desmesurada, misma que pudiera reflejarse en hábitos, como torcer o arrancar los cabellos, tics nerviosos, mascar y chupar cualquier objeto, e incluso, morder la piel o las uñas.