Diferenciar un estado de otro te permitirá tomar medidas al respecto, en el primer caso, cuando hablamos de un estrés positivo, sólo será pertinente cuidar de no excederte en actividades. El cuerpo es sabio y da aviso oportuno de cuándo hay que parar o limitar el esfuerzo y en este sentido deberás estar muy atenta para proporcionarte el descanso requerido, alimentarte sana y adecuadamente, además de separar un espacio para que puedas dedicarlo al esparcimiento y a promover la comunicación con tu pareja, familiares y amigos. 

Cuando por el contrario, has notado que te sientes tensa e incómoda con lo que ocurre a tu alrededor, es recomendable que busques dar una respuesta inmediata. El embarazo supone una serie de cambios físicos y hormonales que afectan naturalmente tu estado de ánimo, situación que aunada al estrés puede situarte en un estado de vulnerabilidad.

A veces el hecho de que te recomienden en estos casos, recurrir al apoyo de tu pareja y hablar sobre el tema, parece una fórmula por demás trillada, pero como explican las autoras: “Hablar de las preocupaciones permite que las ansiedades afloren a la superficie, y es la mejor forma de asegurarse de que no se caerá en el desánimo”.