Los niños no están en medio de una hambruna terrible, tampoco tienen que soportar mortales epidemias ni esquivar las ráfagas en una guerra... Sin embargo, escuchan, ven y hasta viven de cerca la inseguridad. Y lo más importante, sienten.
Algunos han escuchado y atestiguado balaceras. Otros oyen o leen de asesinatos y levantones. Este entorno violento los expone a una vulnerabilidad que puede resultar peligrosa para su salud física y emocional.
"Los niños claro que se dan cuenta, porque además la inseguridad es tema de conversación en todos lados y sí se preocupan", afirma Isela Perches, mamá de dos hijos, un varón de 6 años, y una niña de 11.
"Mi hija me dice: '¡Ay, mamá, qué miedo!, que no nos vaya a pasar nada'".
VULNERABLES
Las ejecuciones, los levantones a cualquier hora del día, a quien sea y en cualquier lugar, y las balaceras, son acciones criminales que han venido a modificar considerablemente la vida familiar.
Ahora sólo en el recuerdo queda aquella estampa idílica de los niños jugando a las escondidas o al futbol en las calles seguras.
"Aunque no sepan bien qué está pasando alrededor, los pequeños logran sentir el estrés y la preocupación de los adultos", comenta Miguel Ángel García, psicólogo del Departamento de Psicopedagogía del Campus Valle Alto del Tec de Monterrey.
Esa incertidumbre les trae consecuencias tanto físicas como psicológicas, expresa.
"Por ejemplo, el que los niños no puedan salir a la calle a jugar, les quita la convivencia en grupos y el desarrollo de equipos, además del disfrute de exteriores, y les impide hacer cierta cantidad de ejercicio físico, que a su vez les dará más salud".
Concuerda la experta en psicología positiva y catedrática de la UDEM, Alicia Salinas.
"El adulto debe ser consciente de que, aunque no le digamos nada a los niños, ellos perciben que algo sucede, y de que es sumamente importante hablar con ellos antes de que se formen un miedo.
"Si el miedo crece, entonces baja la seguridad del niño y junto con ella, su autoestima", afirma.
INSENSIBLES
"La violencia es algo natural". Esa lección están aprendiendo muchos niños de hoy.
"Esta situación en realidad es peor que una guerra o una hambruna", expresa el sociólogo Salvador Hernández.
"Actualmente existe una nueva socialización en la que los niños se están acostumbrando a ver como naturales las manifestaciones de violencia, como si fueran inherentes a la sociedad",
Es posible, reflexiona, que incluso muchos pequeños no sientan una crisis en su estabilidad emocional, porque todo lo que los rodea lo ven como algo "que así es".
"El lenguaje, cultura y violencia que ven en todos lados corresponden al momento que viven, pero es muy peligroso porque pueden crecer insensibles al dolor humano", observa Hernández.
DESCONFIADOS
La sensación de que no se puede confiar en nada ni en nadie puede provocar que más adelante los niños, por su propia seguridad, fomenten relaciones poco profundas, agrega el terapeuta García.
El infante puede volverse muy inestable si a esta "inhabilidad social" se suman los riesgos de convivir con papás afectados también por la inseguridad y deprimidos por las tensiones económicas, y hasta vivir un posible cambio de escuela privada a pública,
"Los niños, saben que algo pasa. Los más grandes pueden ver que la realidad cambia a su alrededor, y los más pequeños, aunque no sepan muy bien qué sucede, perciben el miedo en la sociedad adulta, principalmente en los papás", explica Hernández.
LA IMPORTANCIA DE EXPLICARLES
Extorsiones telefónicas, amenazas, secuestros, narcotráfico, trata de blancas y abuso infantil, son temas que preocupan a los padres de familia.
Perches dice que hay que aprovechar lo que ven o leen los niños en los noticieros o el periódico para explicarles la situación y exhortarlos a estar atentos y tomar precauciones.
En su casa, por ejemplo, les piden no dar información personal o familiar cuando contesten el teléfono; que no den datos personales cuando usen internet, que no vayan a baños públicos solos; y que sean muy precavidos cuando estén fuera de casa.
"Ya no puede estar en una burbuja, Creo que todos los papás tenemos que ser abiertos en todos los temas con nuestros hijos, ya no es como antes. Mis papás, qué esperanzas que se hablara de situaciones así, ni se les ocurría", afirma Perches, la mamá del par de niños.
Y como en todo momento difícil, ésta es una buena oportunidad para aprender y desarrollar nuevas habilidades.
"Los niños que crecen en situaciones adversas pueden desarrollar rápidamente otras habilidades. Estas situaciones sirven también para volver a la gente más competitiva, y los niños crecerán con más conocimientos, y si se trabaja en ello, también pueden ser más reflexivos, analíticos y asertivos en sus decisiones", considera García.
Es importante alertarlos a su nivel, pero sin asustarlos, y dándoles las herramientas necesarias para afrontar el mundo actual, indica.
"Tendemos a subestimar a los niños, pero eso es un grave error. Ellos captan lo que está pasando a través de otras fuentes: medios de comunicación, internet y compañeros de clase", indica el sociólogo Hernández, "ellos tienen mayor capacidad para entender el contexto actual".
En estas circunstancias, hay que ser claros con los menores y hablarles directamente sobre lo que suceda, recomienda Salinas.
"No es malo que el niño sienta miedo, por el contrario, hay que dejarle expresar su miedo y responderle sus dudas, con explicaciones de acuerdo con su edad, sin mentirle ni informarle más de lo necesario", recomienda Salinas, la experta en psicología positiva.
"Todas las herramientas para su autoestima y seguridad empiezan por una buena comunicación en la casa".
El psicólogo Édgar Suárez aconseja que también se les hable a los niños sobre las bondades de la humanidad para que vea que bien vale la pena vivir y salir adelante.
"Generalmente, papá y mamá cuando ven las noticias de una manera desapercibida comienzan a quejarse agresivamente de que el País se hunde y que no hay esperanza", explica el director del Centro de Orientación y Desarrollo Educativo de la UR.
"Esa desesperanza hace que los niños no vean en el futuro una razón para respetar las leyes o para vivir en paz".
Los papás también tienen una gran oportunidad para informarse de lo que sucede y argumentar sus explicaciones sobre la realidad a los hijos.
"Muchas veces los padres dan excesiva información con pobres argumentos sobre lo que sucede, pero si entienden bien la situación que tratan de explicar, tendrán un mejor acercamiento con su familia", afirma Hernández.
"La realidad que estamos enfrentando un reto y una oportunidad para padres, maestros y todos los responsables de los niños para construir una generación que no esté fundada o cimentada en la violencia y el miedo".
Y recuerda, los niños imitan a los adultos, así que hay que darles el ejemplo siendo ciudadanos respetuosos de las normas y las leyes, pacíficos y controlados.
Un menor con miedo
Un niño puede sufrir miedo, aunque no lo exprese, si:
- Cambia sus hábitos alimenticios (come menos de lo acostumbrado o más).
- Empieza a cambiar su sueño, en patrón y horas.
- Muestra desgano o exceso de energía.
- No se entusiasma por cosas que usualmente le emocionaban.
- Suele haber cambios en su estado de ánimo.
¿Cómo hablar del tema?
- Explicarle que en este momento se vive tanta violencia porque hay gente, no toda, que no respeta las normas y las leyes.
- Aclararle que no siempre ha sido así y tampoco durará para siempre.
- Darle referencias históricas de conflictos o guerras para que entienda que son etapas dentro de la historia que pueden terminar.
- Hablarle de que hay que evitar la violencia en casa y en la escuela para ganarle un espacio a la paz
- Reconocer delante del niño que hay muchas razones para vivir y salir adelante.
Los niños no están en medio de una hambruna terrible, tampoco tienen que soportar mortales epidemias ni esquivar las ráfagas en una guerra... Sin embargo, escuchan, ven y hasta viven de cerca la inseguridad. Y lo más importante, sienten.






