Los lugares que cuidan infantes pueden adoptar medidas específicas de nutrición y de actividad física que ayuden a prevenir la obesidad. (FOTO: Aurelia Ventura/La Opinión)
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Ambos nacieron antes de su operación. Sus dos hijas menores, de cuatro y siete años, nacieron después y hasta ahora tienen pesos normales. Perusse hace notar, no obstante, que sus hijos mayores también tenían pesos normales de niños.

La mujer apela a una dieta y ejercicios para combatir lo que llama "genes malos", incluidos los del padre, quien pesa 181 kilos (400 libras). Dice que no es optimista.

Pero el doctor John Kral, del SUNY Downstate Medical Center de Nueva York, afirma que sus estudios indican que las mujeres que bajan de peso antes del embarazo podrían estar ayudando a que sus hijos no tengan tantos problemas de obesidad, por más que la gordura sea un asunto genético en su familia.

Kral y otros investigadores del Laval Hospital de Quebec observaron a niños de mujeres obesas nacidos antes y después de las operaciones para adelgazar y comprobaron que los nacidos después de las intervenciones tenían menos probabilidades de ser obesos.

Notaron asimismo que tenían menos grasa en la sangre y menos indicadores de futura diabetes.

Kral dice que las familias generalmente no cambian su dieta o su estilo de vida después de las operaciones, por lo que eso no puede explicar el fenómeno.

Añade que las operaciones estomacales hacen que a las mujeres les cueste más digerir y absorber las grasas y bajan los niveles de azúcar y de grasa en la sangre. Esto, a su vez, hace que mermen las calorías que le pasan a los fetos.

Bajar de peso antes del embarazo también ayuda.

Si bien todavía no hay explicaciones científicas para el traspaso de la obesidad de madre a hijo en el útero, una teoría lógica es que la obesidad de la madre afecte el peso del hijo al dar forma a los circuitos del cerebro que controlan el equilibrio entre las calorías que se consumen y las que se queman, según Waterland.