Reportaje especial EFE
— La familia no sólo es la “célula básica de la sociedad”, sino que además puede ser uno de los soportes fundamentales para que sus integrantes más jóvenes tengan un estilo de vida más saludable cuando lleguen a ser mayores.Según la Fundación Kovacs (FK), dedicada a la investigación y asistencia médica de los problemas de la espalda, para prevenir este tipo de dolencias conviene que hijos y padres realicen ejercicio y deporte juntos, ya que los hábitos de los mayores influyen en los de los niños.
Además, es más fácil mantener la actividad física a lo largo de la vida cuando se inicia en la infancia, y el ejercicio también pueden beneficiar a los progenitores.
Se ha creído que el dolor de espalda era excepcional entre los niños, y que cuando existía se debía a alteraciones estructurales de la columna vertebral, como escoliosis o cifosis.
En los últimos años se ha demostrado que esas alteraciones estructurales son en general irrelevantes, y que las radiografías son inútiles para identificar a los niños con dolor, determinar su origen o pronosticar su aparición a lo largo de los siguientes 25 años.
Según la FK, la lumbalgia infantil y adolescente “es un serio problema puesto que, además de limitar la práctica de sus actividades diarias, aumenta significativamente el riesgo de que padezcan estos dolores de forma crónica al ser adultos.
La principal medida que ha demostrado ser eficaz para la prevención de las dolencias de la espalda es el ejercicio, se- gún expertos de la Fundación Kovacs.
Es conveniente que hijos y padres realicen ejercicio y deporte juntos, ya que los estudios demuestran tres hechos: los hábitos de los padres influyen en los de los hijos, es más fácil mantener la práctica del ejercicio y el deporte a lo largo de la vida cuando se inicia en la infancia, y el ejercicio tiene efectos positivos que van más allá de la espalda y pueden beneficiar a los padres.
Según un estudio de la Universidad de Chicago, coordinado por el psiquiatra Daniel Le Grange, las posibilidades de superar la anorexia o la bulimia se duplican si los adolescentes afectados participan en terapias en las que también intervienen sus padres. Según el doctor Le Grange, los padres están en una posición única para ayudar a sus hijos.
Este desorden se caracteriza porque el afectado siente en impulso irresistible de comer hasta darse un atracón, seguido de vómitos, después de los cual se siente culpable y con una profunda sensación de malestar.








