Reportaje especial EFE
— Durante las vacaciones las relaciones de pareja se alteran, cambia el ritmo familiar y la presencia de la pareja es constante, en el día a día, algo a lo que no estamos acostumbrados y que de pronto puede convertirse en molesto, sin que nos demos cuenta.Según distintas Asociaciones de Abogados de Familia, las etapas en las que más demandas de separación se interponen son, curiosamente, las pos-vacacionales ya que en ese periodo “la fricción de la convivencia se desencadena definitivamente la crisis”.
María José Vergara, de la Asociación de Abogados española, afirma que “son muchos los matrimonios en los que existen problemas y que piensan que con el tiempo de ocio podrán dialogar y solucionar los conflictos”, dijo Vergara, “pero con esto lo único que ocurre es que terminan dándose cuenta de que no pueden seguir viviendo juntos durante más tiempo”.
Si no quiere que esa situación sea un reflejo de lo que pase en su pareja, no deje que las cosas vayan más lejos y empiece a poner remedio. Quizá su caso sea de los muchos que sí se solucionan con diálogo y mucho amor.
El sexólogo y escritor Antoni Bolinches comenta que los miembros de la pareja experimentan por primera vez un desencanto cuando las segundas o terceras vacaciones ya no son tan excitantes como las primeras que compartieron y en las que casi no se separaron.
“A lo bueno te acostumbras fácil”, ha explicado el sexólogo, que ha visto que con la convivencia empiezan a olvidarse los estímulos positivos y existe una saturación de los negativos.
Un segundo modelo son las “parejas saturadas”, en las que existe un exceso de estímulos negativos, a los que “nunca te acostumbras”, según Bolinches, lo que lleva a una crisis que alcanza su punto más álgido el mes que más permite la convivencia, en la mayoría de los casos, en la época estival.
Mientras durante el resto del año cada “media naranja” cuenta con mecanismos que le permiten eludir los fallos o aspectos negativos del otro, al llegar el verano estos mecanismos desaparecen.








