El doctor Roberto López Alberola, profesor de neurología y pediatría de la Universidad de Miami, examina a Maggie DeGrossi, paciente de epilesia, en su consultorio de Miami. (Foto: EFE/Luis Sapler)
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“Hay una gran ignorancia de la comunidad sobre la epilepsia y en vez de acudir a un centro médico muchos prefieren atenderse con un curandero o a lo mejor por miedo tan solo ocultan a sus hijos”, agregó.

Por su parte, Maggie DeGrossi, promotora voluntaria de la Fundación de Epilepsia en Estados Unidos, dijo que otro de los mayores problemas que enfrentan los epilépticos es la discriminación social.

Diagnosticada con epilepsia desde los 4 años en su natal Argentina, DeGrossi relató que un año después, al llegar al llegar al sur de la Florida, empezó a ser discriminada en la escuela.

“No solo se trataba de la burla de los compañeros, recuerdo que una vez me dieron convulsiones y desperté en la dirección, en el área de detención, con otros chicos que estaban castigados, yo me sentía como si hubiera hecho algo malo”, detalló.

DeGrossi, que vive en Miami, recordó que incluso fue reubicada en clases de educación especial pese a tener muy buenas calificaciones.
“Estuve varios años de la primaria y secundaria en ese tipo de clases, lo cual me parecía extraño porque tenía mejores grados que chicos de clases regulares”, añadió.

Según DeGrossi, la discriminación laboral es otro de los mayores problemas que enfrentan los epilépticos, debido, una vez más, a la falta de educación.

“Los epilépticos cargamos con un estigma muy grande frente a los empleadores fundamentalmente por falta de información, y a lo que apuntamos es a difundir que la epilepsia es una condición médica tratable”, destacó.

Aunque el neurólogo López Alberola coincidió en que un epiléptico puede desarrollarse eficientemente en su centro laboral, advirtió de la conveniencia de tomar precauciones para no poner en riesgo la vida del paciente y la de otros.