Fiebre de primavera

Los días se alargan, las temperaturas ascienden y el comportamiento cambia. Más que una expresión coloquial, los científicos creen que la "fiebre de primavera" realmente es un conjunto de síntomas que aparecen cuando se va el invierno, debido a una serie de cambios hormonales en el cuerpo.

Además de las alergias típicas de esta época, se presentan alteraciones en el sueño. Esto puede deberse a que en invierno, el cuerpo segrega altos niveles de melatonina, la hormona que se encarga de regular los ciclos de sueño y vigilia. Pero una vez que los días se hacen más largos, un tejido sensible a la luz localizado en el ojo, le manda un mensaje al cerebro como diciendo: "no produzcas tanta melatonina". Por eso, muchas personas notan estados de vigilia más prolongados.

Además, durante la primavera, se produce otra sustancia, la serotonina, que aumenta la energía y el entusiasmo. Pero más allá del factor médico, los antropólogos han sugerido que la fiebre primaveral se puede haber desarrollado como consecuencia de la evolución humana. Los primeros humanos pasaban el invierno en un estado cercano a la hibernación, pero cuando llegaba la primavera, entraban en un período intenso de caza, cultivo y procreación. Cualquiera que sea la explicación, lo cierto es que nuestro cuerpo cambia con las estaciones. Una buena razón para reafirmar la teoría de que somos uno con la Tierra.

Bendito dolor

Desear sentir dolor, puede sonar como un disparate y una contradicción. La ciencia por años ha tratado de eliminarlo y buscar mecanismos para hacerlo más leve. Sin embargo, para las personas que padecen la enfermedad de CIPA, un padecimiento que impide sentir el dolor, lo ideal sería poder sentirlo.

"No siento frío, ni calor, ni miedo, porque nada me duele" dice una de las pocas personas que padecen de esta extraña condición. A pesar de que hay menos de 100 casos reportados a nivel mundial varios investigadores están tratando de entender que produce esta enfermedad que en español se conoce como "Insensibilidad Congénita al Dolor con Anhidrosis".

Un médico cuenta la historia de su hijita: "Cuando le estaban saliendo los dientes, se mordía los labios y la lengua hasta lastimarse, porque no sentía nada". Por eso, aunque el dolor pueda parecer peligroso, no lo es en realidad. Es una señal de alerta que nos avisa que algo no funciona bien y además, es una de las experiencias más humanas, diría yo, casi como el amor.

Nadie siente el dolor de la misma forma, no hay dos dolores iguales en una misma persona, no se siente dolor igual por la mañana que por la noche, cuando se vive solo o acompañado. Es mucho más peligroso por ejemplo, partirse un pie y por la falta de dolor, seguir caminando hasta hacerse un daño irreversible. Queda mucho por decir sobre esta rara enfermedad, los médicos siguen investigando…pero por lo pronto, quizá vea al dolor con otros ojos. ©La Raza

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