Pobres aquellas personas que tienen que oír, "Si de verdad me quieres y quieres verme feliz, tienes que ser como yo quiero". O también cuando dicen: "Cambiamos un poco cada uno y todos felices".
Muchas veces pedimos a nuestra pareja que cambie para hacernos felices y que se adapte a lo que nosotros necesitamos y deseamos. Esto representa perder la identidad y no se consigue el resultado esperado.
En el momento que somos "flechados", aunque no conozcamos al otro, proyectamos en él nuestras ilusiones, deseos y fantasías. Nuestra imaginación vuela y no necesariamente coincide con la realidad. Nuestra sexualidad y el deseo también acompañan estos vuelos imaginativos. La sexualidad está a flor de piel y muy activa. Pero a medida que nos vamos conociendo, se descubren las posibilidades y límites de la relación. Se produce también una lucha por el poder, peleamos por ver quién se somete y quién es sometido. La sexualidad se condiciona y sus niveles de expresividad cambian.
Pensar que la situación, cuando llega a este punto, no tiene arreglo, nos coloca frente a la terrible angustia que conlleva la separación.
Entonces, hacemos todo para que el otro cambie. Pedimos, manipulamos, nos enojamos, lloramos, rogamos y amenazamos. Aquí es donde comienza la absurda historia de permitirle a otro que me diga cómo debo ser, y de exigirle a los demás que funcione de acuerdo a como yo necesito.
Definitivamente, solo el aprendizaje de la convivencia puede salvar la relación; aprender a negociar, a compartir roles, a aceptar las diferencias, a resolver las dificultades y conflictos.
Es el momento de darse cuenta de que el error no está en mi pareja, sino en mis expectativas.
Aceptar al otro es "tú eres como eres y puedo elegirte o no, pero no pretendo cambiarte". Cuando le exigimos a nuestra pareja que se comporte de acuerdo a nuestro modelo ideal, en realidad estamos ocultando nuestro rechazo, y estamos amando lo que imaginamos que esa persona es o podría llegar a ser.
Frente a esto, es prudente afianzar la relación teniendo en cuenta que:
1.- El amor es fundamental en una relación de pareja, pero es insuficiente. Si realmente las diferencias que existen en la pareja son tantas, difícilmente podrán construir una buena relación. Por ejemplo, ¿Cómo comparto mi sexualidad con alguien que posee un apetito sexual muy distinto o gustos sexuales tan diferentes?
2.- No esperarlo todo de la pareja. Es un peso terrible para la relación cargar con la expectativa de que tenemos que compartirlo todo, por ejemplo, tener hambre a la misma hora, ganas de tener sexo al mismo tiempo y ver las misma películas.
Puede parecer poco, pero desde el punto de vista terapéutico, para construir este importante vínculo de relación de pareja son necesarios cinco puntos de encuentro.
Para descubrir cuáles serían sus cinco puntos de encuentro básicos, le sugiero seguir estos pasitos:
1.- Revisar la lista infinita de cosas que espera de su pareja y reducirla a cinco.
2.- Ordenarlas de acuerdo a su importancia, asignándoles un puntaje del uno al diez.
3.- Evaluar si esos cinco puntos de encuentro, en la realidad cotidiana de su vida, se dan en el orden que usted les asignó.
En caso, de que esto sea así, disfrute de su pareja y olvídese de ser exigente con el resto de la infinita lista.
Es probable que su pareja no lo tenga todo, pero sí lo suficiente como para construir una buena relación, y por favor, dígale, ¡Me gusta como eres!