Vivimos inmersos en una rutina muy fuerte, incluso los fines de semana tendemos a realizar las mismas actividades. Por ello esperamos con muchas ganas los paréntesis en el trabajo o los estudios, que tienen una mayor o menor duración pero que exceden el tradicional y fugaz “sabadomingo” de cada semana.
Los días festivos, los “puentes laborales” o las minivacaciones, que se presentan a lo largo del año, son lapsos de descanso que percibimos como pequeños oasis en los que ponernos al día con nuestras amistades, lugares que queremos visitar, aficiones arrinconadas… .
Pero es un error crearnos demasiadas expectativas. Queremos ver a todo el mundo, visitar un país en cuatro días y volver a ser expertos en manualidad y bricolaje.
“Hay que tener cuidado con hacer demasiados planes, pues si no los cumplimos tendremos la sensación de haber desperdiciado el descanso laboral”, explica a efe-reportajes, Ricardo Ros.
Este psicólogo, experto en superación personal y profesional, impulsor de la denominada “Psicología Que Funciona”, se refiere a los que suele suceder en lapsos especiales como los días no laborales, fechas señaladas como la Semana Santa o los períodos vacacionales breves. También nos propone aprovecharlos y dar un impulso a nuestros sueños, metas y objetivos.
No obstante, sus reflexiones pueden ser útiles para abordar uno de los mayores retos de la mayoría de las personas en el vertiginoso mundo actual: cómo disfrutar positivamente del tiempo de ocio y no caer en la repetición de esquemas y actividades.
“Debemos huir del descanso entendido como encerrarnos en casa y no hacer nada. Cuando volvamos al trabajo sentiremos que no hemos hecho nada y que ya no tendremos otra oportunidad hasta el siguiente período festivo, en este caso Navidad... que será cuando estaremos demasiado ocupados con comidas familiares y de empresa, comprando regalos, decorando la casa…”, señala Ros.
"Descansar durante los días no laborables o minivacaciones es una buena opción, pero debe ser un descanso activo. Pasear un poco todos los días, leer un libro que abandonamos por falta de tiempo, ver una buena película o poner un poco de orden en nuestra casa y en nuestras vidas son opciones relajadas", añade el psicólogo.
Pero eso sí, "deben ser actividades tranquilas, que nos gusten, que nos hagan sentir vivos, o de lo contrario tendremos la sensación de haber pasado el lapso de descanso trabajando al limpiar la casa o estudiando un libro que no nos interesa", matiza el experto.
Para evitar que esto ocurra, lo mejor no es esperar a que llegue un paréntesis más o menos extenso en la actividad laboral, sino intentar salir todos los días de la rutina durante un rato, alejarnos de lo cómodo y lo seguro aunque sea martes o miércoles.
“¿Qué camino diferente vas a iniciar hoy? ¿Qué cosa nueva que no has hecho hasta ahora vas a probar? ¿Qué riesgo vas a correr? ¿Qué nueva solución vas a poner en marcha? ¿Cómo puedes hacer algo de forma diferente?. Arriésgate un poco cada día, llama a ese amigo que tienes olvidado, dedica media hora a tu "hobby", lee un libro sobre el lugar que te gustaría visitar, pon en marcha un proyecto nuevo…”, aconseja Ricardo Ros.
Según este experto, la rutina nos resulta cómoda porque “nos aleja de plantearnos otros caminos, de luchar a diario por cumplir los sueños, de analizar si estamos donde queremos estar. Lo cotidiano, lo diario, también nos da seguridad, es nuestra sala de estar, nuestra casa conocida. Y ni siquiera nos planteamos que podemos hacer las cosas de una forma diferente”.
“Vivimos en la resignación y creemos que basta con hacer cosas diferentes en vacaciones o en los días de fiesta. Pero eso sólo son pequeños vendajes que tapan lo que deberíamos cambiar y no cambiamos. Hay que aprovechar las pausas laborales para replantearnos nuestros objetivos y ponernos en marcha”, sugiere.
Para salir de la vida automatizada y repetitiva, Ros aconseja “alcanzar algún objetivo todos los días. Introducir un pequeño cambio cada jornada”.
Modificar la rutina nos acerca a nuestras metas casi sin darnos cuenta. Son como pequeños afluentes formando un gran río. No hay que esperar al próximo día festivo, a las vacaciones o al Año Nuevo para ponernos en marcha. Hay que empezar hoy, ahora.
“Esforzarse por crear hábitos que contrarresten la pasividad, como acudir una vez a la semana al cine o cenar fuera, hacer trabajos manuales, como jardinería, bricolaje, cerámica, costura, dibujo o cocina, o salir regularmente de viajes o excursión, son otras medidas eficaces para mantener a raya la rutina”, según el doctor Francisco Alonso-Fernández, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría Social.
Según este psiquiatra, en vez de hundir el cuerpo en el sillón y la mente en el pasado, "conviene practicar una actividad física regular, y disfrutar de una buena lectura, ya que un libro instruye, enriquece y estimula la imaginación, a diferencia de la televisión que fomenta la inactividad física e intelectual".
"Cuando la rutina se instala en la pareja, hay que arriesgarse a que pasen cosas nuevas, dejar que las sorpresas tengan un papel en la vida diaria, establecer nuevos escenarios, compartir nuevas relaciones, cultivar aficiones y distracciones no conocidas, poniendo cierto grado de valentía y perdiendo el miedo al ridículo y al control social", comenta el psiquiatra.
Vivimos inmersos en una rutina muy fuerte, incluso los fines de semana tendemos a realizar las mismas actividades. Por ello esperamos con muchas ganas los paréntesis en el trabajo o los estudios, que tienen una mayor o menor duración pero que exceden el tradicional y fugaz “sabadomingo” de cada semana.
Los días festivos, los “puentes laborales” o las minivacaciones, que se presentan a lo largo del año, son lapsos de descanso que percibimos como pequeños oasis en los que ponernos al día con nuestras amistades, lugares que queremos visitar, aficiones arrinconadas… .
Pero es un error crearnos demasiadas expectativas. Queremos ver a todo el mundo, visitar un país en cuatro días y volver a ser expertos en manualidad y bricolaje.
“Hay que tener cuidado con hacer demasiados planes, pues si no los cumplimos tendremos la sensación de haber desperdiciado el descanso laboral”, explica a efe-reportajes, Ricardo Ros.
Este psicólogo, experto en superación personal y profesional, impulsor de la denominada “Psicología Que Funciona”, se refiere a los que suele suceder en lapsos especiales como los días no laborales, fechas señaladas como la Semana Santa o los períodos vacacionales breves. También nos propone aprovecharlos y dar un impulso a nuestros sueños, metas y objetivos.
No obstante, sus reflexiones pueden ser útiles para abordar uno de los mayores retos de la mayoría de las personas en el vertiginoso mundo actual: cómo disfrutar positivamente del tiempo de ocio y no caer en la repetición de esquemas y actividades.
“Debemos huir del descanso entendido como encerrarnos en casa y no hacer nada. Cuando volvamos al trabajo sentiremos que no hemos hecho nada y que ya no tendremos otra oportunidad hasta el siguiente período festivo, en este caso Navidad... que será cuando estaremos demasiado ocupados con comidas familiares y de empresa, comprando regalos, decorando la casa…”, señala Ros.