Reportaje especial EFE — ¿Estáis a menudo o continuamente peleando “como el perro y el gato”, o a veces incluso persiguiéndoos el uno al otro “como el gato y el ratón? ¿Vuestra convivencia se parece más a un “ring” de boxeo, que al “hogar dulce hogar” ¿que imaginabais que ibais a compartir? ¡Alto ahí!. Es hora de reflexionar…
Las disputas indican la salud de la relación: pueden ser una válvula de escape en la convivencia o una señal de que hay un problema serio que puede terminar con ella.
Según los psicólogos las peleas son positivas cuando persiguen un acuerdo o una solución, sin violencia, insultos ni humillaciones, o sirven para que la relación funcione, como un nexo de atracción para revivir la sexualidad, o por el placer que supone la reconciliación posterior, pero siempre y cuando los dos estén dispuestos a utilizar la misma fórmula.
En cambio las discusiones pueden ser negativas si involucran a terceras personas para conseguir un fin o implican una crítica constante, la infravaloración o juicios personales sobre la otra persona, o recurren al chantaje psicológico (“si no haces esto, dejo de hacer aquello”...).
También son contraproducentes cuando se producen en lugares públicos, como si fuera un espectáculo, o ante amigos a los que se pide que actúen como jueces, lo cual indica que la relación se deteriora.
Finalmente, las riñas suelen ser un indicio de que la relación ya no funciona, cuando comienzan exigiendo a la pareja concesiones que no está dispuesta a dar, o se reacciona siempre negando para no perder la batalla o cediendo para no discutir más, y en vez de sugerir se intenta imponer algo al otro o doblegarlo.








