A muchas parejas les cuesta expresar sus preferencias a la hora del sexo. Generalmente el esposo acusa a su mujer de que ella nunca pide lo que quiere y que además, ella se enoja porque él no lo adivina.
Para beneplácito de los hombres, déjenme decirles que en esta ocasión, tienen razón, es imposible adivinar lo que hace feliz a otro, y es una falsa creencias decir "me conoce muy bien". Somos seres emocionales y tenemos un cuerpo físico, con cambios constantes.
Sumado a ello, algunas mujeres expresan que se sienten que no pueden a pedirle "algo" a su marido, porque temen que pueda enojarse o desconfiar de donde ha sacado ella ese deseo. Estas mujeres asocian su matrimonio a conceptos como: tolerar, soportar, sacrificio, trabajo pesado, entre otras.
Es obvio, que estas relaciones de dominación-sumisión esconden una baja autoestima femenina; las necesidades y deseos de la mujer como esposa, son tan importantes como los de su marido.
Por herencia cultural, la mujer para ser respetada, no debe pedir de forma directa la satisfacción de sus necesidades, excepto las necesidades básicas, primarias. Y la sexualidad de la mujer, para esta cultura, lamentablemente, no es importante.
Para la mayoría de las mujeres, el matrimonio se presenta como el gran sueño; desde niñas, el deseo del matrimonio aparece alimentado en la vida de la mujer. Ser mujer, equivale a dar por hecho, que un día tiene que casarse y tener hijos, pero por ningún lado se menciona, que debe buscar su pareja biológica por derecho a satisfacer sus necesidades humanas.
Este estilo de ser "secundona", también se refleja en la relación de pareja, y responde al rol que desde hace miles de años le ha tocado representar a la mujer.
Por salud mental y social, de las nuevas generaciones, tenemos que cambiar.
Alrededor del matrimonio se estructura y desarrolla gran parte de la realización personal de la mujer, sin hacer mención del sexo como placer, al cual el cuerpo y la mente tienen derecho. Así la niña crece y se convierte en mujer con una sexualidad escondida, inhibida, que en manos de un marido no informado vuelve un hastío sexual la vida del matrimonio.
Por suerte, este tipo de relaciones, pueden equilibrarse.
Para que la petición de la mujer sea eficaz ha de ser directa y concisa. Ella misma debe estar convencida cabalmente de que lo que pide es justo y crear el momento apropiado para exponérselo a su marido, sin acusaciones.
Cuando dos personas se conectan físicamente y emocionalmente, por primera vez, inician una especie de juego, de sincronización de movimientos, posturas, tono de voz, el tiempo que hablan, pausas entre la pregunta y la respuesta. Esto es la empatía entre los seres humanos. Esto es lo que se llama comunicación emocional, la cual es de suma importancia para la vida sexual de la pareja.
Dicho de manera sencilla, es el lenguaje de los afectos expresados en el cuerpo. Se trata de la capacidad de entender las emociones de la pareja, cuando se le toca su cuerpo. Es un estilo de comunicación más intuitivo que racional, implica despertar sentimientos acariciando el cuerpo del otro. Solo la practica, el respeto y el permiso de la pareja, sin criticas, hace que este sentimiento crezca y se disfrute día a día.
A la hora de tener sexo los desaciertos en la forma de comunicarse, se suman y es el desastre. Por eso, estoy segura de que el sexo más moderno, más desprejuiciado y erótico, es el que vence los prejuicios culturales, donde la igualdad de derechos, permite expresar libremente los deseos, para vivir sana y plenamente, la sexualidad.