Libérese, no se imponga metas. Muestre su carácter humano falible y su fuerza de personalidad para salir airoso de cualquier eventualidad sexual. (FOTO: Archivo/EFE)
1/1

A muchas parejas les cuesta expresar sus preferencias a la hora del sexo. Generalmente el esposo acusa a su mujer de que ella nunca pide lo que quiere y que además, ella se enoja porque él no lo adivina.

Para beneplácito de los hombres, déjenme decirles que en esta ocasión, tienen razón, es imposible adivinar lo que hace feliz a otro, y es una falsa creencias decir "me conoce muy bien". Somos seres emocionales y tenemos un cuerpo físico, con cambios constantes.

Sumado a ello, algunas mujeres expresan que se sienten que no pueden a pedirle "algo" a su marido, porque temen que pueda enojarse o desconfiar de donde ha sacado ella ese deseo. Estas mujeres asocian su matrimonio a conceptos como: tolerar, soportar, sacrificio, trabajo pesado, entre otras.

Es obvio, que estas relaciones de dominación-sumisión esconden una baja autoestima femenina; las necesidades y deseos de la mujer como esposa, son tan importantes como los de su marido.

Por herencia cultural, la mujer para ser respetada, no debe pedir de forma directa la satisfacción de sus necesidades, excepto las necesidades básicas, primarias. Y la sexualidad de la mujer, para esta cultura, lamentablemente, no es importante.

Para la mayoría de las mujeres, el matrimonio se presenta como el gran sueño; desde niñas, el deseo del matrimonio aparece alimentado en la vida de la mujer. Ser mujer, equivale a dar por hecho, que un día tiene que casarse y tener hijos, pero por ningún lado se menciona, que debe buscar su pareja biológica por derecho a satisfacer sus necesidades humanas.

Este estilo de ser "secundona", también se refleja en la relación de pareja, y responde al rol que desde hace miles de años le ha tocado representar a la mujer.