El fetichismo, el voyeurismo, el exhibicionismo, son sólo algunas expresiones del sexo. (Foto: Photos.com)
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Hay muchos estímulos sexuales que pueden ser placenteros y deseables para la gran mayoría de la gente, como acariciar o besar a la pareja por ejemplo. Sin embargo, los grados de placer que esto produce pueden cambiar mucho de persona a persona y, de la misma forma, puede haber un sinnúmero de situaciones y prácticas, para algunos muy placenteras y para otros, incluso, desagradables. 

Las diferentes maneras de manifestar nuestros impulsos y deseos eróticos, y la preferencia por ciertas prácticas sexuales, es lo que se ha llamado expresiones comportamentales de la sexualidad, también conocidas como parafilias. Voyerismo, fetichismo, exhibicionismo, rinofilia y sadomasoquismo son algunas de ellas, y aunque sus nombres las hagan parecer un poco extrañas, en realidad, todos tenemos un poco de ellas aunque en distintos grados.

La clave está en que estas parafilias son parte de un continuo que va desde expresiones que no se relacionan en lo más mínimo con el erotismo, pasando por el gusto por fantasear con ciertas prácticas que sólo quedan en eso, en fantasías; por el placer de llevarlas a cabo de vez en cuando y por ser conductas favoritas, hasta llegar al extremo de ser la única vía posible de lograr la satisfacción sexual, que es cuando se presentan los problemas.

Los fetiches y la sexualidad
Pongamos como ejemplo el fetichismo. El fetichismo se define como la conducta por la que la persona logra la estimulación y satisfacción sexuales mediante un objeto inanimado. Se puede sentir atracción por los objetos (o también partes del cuerpo) en diferentes grados.

Es decir, es posible que a una persona le guste la ropa de piel, le guste dormir con la playera de la persona que quiere o que tenga fotos suyas en la cartera. Una atracción en mayor grado sería que fantaseara con escenas en las que los objetos o partes del cuerpo son especialmente importantes.