Amparo Martínez (izquierda), observa a su hija Soraya Martínez, de 4 años, mientras recibe la vacuna nasal. Foto: AP
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Nueva York — El Gobierno y la comunidad médica en Estados Unidos, en su intento por prevenir un nuevo brote de casos de gripe H1N1, comenzaron la semana pasada la campaña de vacunación masiva más ambiciosa en la historia de este país.

La meta es distribuir 250 millones de dosis para tratar de inocular a por lo menos la mitad de la población estadounidense antes de diciembre.

A pesar de que médicos, funcionarios gubernamentales y expertos insisten en que la dosis es efectiva y segura, muchos ciudadanos temen por los efectos adversos que pueda tener esta nueva vacuna que, en principio, está disponible sólo en forma de inhalador nasal.

Además, la forma tan rápida con que la inmunización fue fabricada por los laboratorios y la inmediatez con que fue autorizada por el Gobierno han creado mucho escepticismo, inquietud y dudas entre la población.

“Definitivamente no me la voy a poner. Primero, ¿hay garantía de que esa vacuna funcione? Número dos, ¿de dónde salió esa vacuna? ¿De dónde salió la fuente para esa vacuna?”, se preguntó con suspicacia la cubana Olga Merediz, residente en Nueva York.

“Personalmente me da miedo, porque han habido estudios de que la gente se enferma de una reacción alérgica a ciertas vacunas, y yo personalmente creo que el mismo cuerpo debe fortalecer su sistema inmunológico”, dijo a EL DIARIO/LA PRENSA la hispana.

“Otra cosa que no me gusta es que el Gobierno te diga que tienes que inyectarte una cosa en tu cuerpo. Lo siento, pero yo no”, agregó con énfasis.