Empezaron a llegar con sus "piercings", algunos tatuajes y además de sus iPods traían consigo sus patinetas.
Pronto sumaron treinta jóvenes y niños que se reunieron en un sector del Parque Humboldt para participar en una competencia en memoria de Rubén Osorio, un patinador como ellos, y quien supo sortear el riesgo de los accidentes propios de este deporte, pero no el de un linfoma, uno de los cánceres más letales.
Entre los presentes se encontraban varios familiares y amigos de Osorio, como María "Toni" Berríos y Rafael "Taco" Boria.
Osorio murió en el 2004 básicamente por no tener seguro médico. Como muchos hispanos, trabajaba en el negocio familiar que producía lo suficiente para vivir pero no para pagar ese costo, por lo que su tratamiento lo proveyó el Hospital de Cook County.
Allí controlaron la primera arremetida del cáncer; pero el joven debía cuidarse y continuar su tratamiento. Para ser atendido debía permanecer largas e irremplazables horas en la sala de espera del hospital y no trabajar, un lujo que no podía darse, por eso el cáncer lo mató a los 27 años.
"Rubén era mi amigo desde los cinco años, vivíamos al cruzar la calle. Tenía las rampas, entonces todos venían a jugar al frente de su casa", recordó Berríos mientras como voluntaria inscribía a los concursantes en la competencia de patinetas. Ésta se realiza para ayudar a familias que afrontan la misma necesidad en tratamientos contra el cáncer.






