Imagínate entrar a un horno de microondas fabricado a tu medida y someterte a sus potentes rayos por espacio de 10 minutos.
Algo similar es lo que ocurre en las cabinas de bronceado, que te ayudan a conseguir el anhelado color dorado, pero que a largo plazo también puede desencadenar graves padecimientos e incluso hasta crear una adicción.

El uso de camas de bronceado va en aumento, señala la dermatóloga Griselda Woo, y con la llegada de las fiestas decembrinas más personas acuden a ellas, pues buscan ponerse a tono para los compromisos que se avecinan, esto bajo un concepto erróneo de belleza, lo cual resulta aún más alarmante.

"De entrada, en su afán por seguir tendencias, al salir la persona de estos lugares cumple su objetivo: conseguir un bronceado perfecto, pero a la vuelta de los años la factura que esto cobra es demasiado alta", aclara la especialista por el Hospital de Saint Louis, en París, Francia.
 

Envejecimiento prematuro y aumento en la incidencia de cáncer de piel son las principales consecuencias que el uso de estas cabinas puede ocasionar, agrega.
"La razón es que los rayos UVA artificiales, radiación ultravioleta A, que es la que emiten estas máquinas, son malísimos, pues atraviesan toda la piel y producen que el DNA celular se empiece a modificar".

Con 10 minutos basta para tomar un bronceado que de manera natural una persona tardaría en obtener de tres a cinco días, explica. Esto ejemplifica el grado de intensidad que tienen esos rayos artificiales y el daño que pueden causar.
En torno al uso de estas cabinas, existen algunos mitos que suelen confundir aún más a los usuarios. La dermatóloga comenta que uno de ellos es pensar que los rayos UVA artificiales no son dañinos.