La casa de la familia Mendoza. (FOTO: Gustavo Rangel / RUMBO)
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HOUSTON -- Mientras escuchaban los vientos chillantes de Ike y la lluvia que caía sobre su modesta casa en el barrio de Magnolia, en Houston, Mario Mendoza y su esposa Blanca fueron sorprendidos por un árbol que entró rompiendo el techo a eso de las tres de la mañana. Afortunadamente ellos y sus dos hijos (Juan,  de 4 años y Brandon, de 1 año) estaban en el pasillo esperando que el huracán pasara y no sufrieron heridas.

“No lastimó a nadie pero el susto que nos metió no nos lo quita nadie, tuvimos que aguantar la lluvia que se metía y el viento hasta que pasó el huracán. Fue una muy mala experiencia”, dijo Mario, originario de Guerrero, México.

Por si fuera poco, el árbol que Ike puso encima de la casa de Mendoza tumbo un poste de electricidad y dejó la línea eléctrica sobre el techo de la casa.

“No queremos entrar por temor a que nos vayamos a electrocutar y más con los niños que son muy inquietos, no vayan a tocar la línea”, comentó Blanca.

Los Mendoza dijeron que estuvieron llamando a CenterPoint Energy para que vinieran a levantar la línea, pero se mostraron frustrados porque nunca levantaron su llamada.

“Llevamos como ocho horas intentando comunicarnos pero suena ocupada la línea”, agregó el esposo.

Tras el golpe de Ike en el área de Houston y Galveston, en la madrugada del sábado 13 de septiembre, la pérdida de suministro eléctrico ha sido uno de los más graves problemas: el 90 por ciento de los clientes de las compañías eléctricas de la región se encontraban sin energía eléctrica.

“Necesitamos que la gente que no tiene electricidad tenga paciencia, primero tenemos que restaurar el poder a las plantas de agua para que se vuelva a recuperar la presión normal y luego tenemos que asegurarnos que los hospitales y equipos de rescate estén en condiciones para atender a la gente”, dijo Bill White, alcalde de Houston.

Según autoridades, podrían pasar hasta cuatro semanas para que el suministro eléctrico vuelva a la normalidad en toda la zona afectada y sentenciaron que primero serían levantados los grandes circuitos, que proveen energía a miles, y después los más pequeños.

Varios residentes en Magnolia, un barrio mayoritariamente hispano, se quejaban de o mismo que los Mendoza: no podían comunicarse con las compañías eléctricas. Y es que a pesar de que se la ha pedido a la gente por parte de las autoridades que no llamen para decir que no tienen electricidad y que sólo llamen para reporta líneas caídas, la verdad es que parece haber una gran cantidad de ellas dañadas.

RUMBO recorrió por el barrio y casi en cada calle había postes de electricidad en el piso y árboles sobre las líneas rotas.

Personas armadas con machetes y serruchos eléctricos cortaban las ramas que cayeron sobre sus techos y jardines y otros no esperaron a que llegaran trabajadores del municipio y comenzaron a levantar los árboles caídos sobre las carreteras.

El alcalde White dijo que unos 200 trabajadores del municipio ya se encontraban en los diferentes barrios de la ciudad levantado todo lo que Ike dejó tirado.

El Alcalde pidió a los habitantes de Houston que conserven el agua debido a la débil presión que está poniendo en peligro la calidad del agua potable y además anunció que ha pedido la ayuda federal para adquirir un generador de 12 megawatts para proveer poder eléctrico a Lynchburg Station, estación clave en el suministro de agua, que actualmente se encuentra sin electricidad.

 “Normalmente la presión del agua es de 60 libras psi pero luego de que Ike puso fuera de servicio a Lynchburg Station la presión descendió a 40 psi y eso pone en riesgo el abastecimiento de agua potable”, dijo White.

El Alcalde y funcionarios del departamento de salud también pidieron que por lo pronto residentes solamente consuman agua de botella hasta que se pueda establecer que el agua entubada no ha sido contaminada. Si no tienen agua embotellada, las autoridades pidieron a la gente, como precaución hasta un nuevo aviso, que hiervan el agua del grifo antes de consumirla.

El centro de Houston se mantuvo cerrado para comenzar la limpieza y evaluar los daños. Los edificios que mostraron mayores daños fueron el antiguo edificio de Enron y la torre de JP Morgan Chase ya que casi todas las ventanas de su lado este fueron rotas por el fuerte viento.

La zona del canal de navegación (ship channel) no mostraba daños mayores e incluso oficiales federales comentaron durante una conferencia de prensa que no hubo derrames considerables provocados por industrias o embarcaciones. 

El puerto de Houston y el Sistema de Aeropuertos estudiaban el sábado las posibilidades de restablecer sus operaciones.

La situación en Galveston es grave

En el Condado de Galveston, según autoridades, bomberos recibieron 100 llamadas de ayuda luego de que cerraron operaciones para tomar refugio antes de la tormenta. Las autoridades han sido muy cautelosas cuando se tocaba el tema sobre el número de muertes por parte de reporteros. Ed Emmett, el juez del Condado de Harris, donde está Houston, mencionó que una mujer falleció aparentemente cuando era trasladada entre hospitales.

Alrededor de 23,000 residentes de Galveston ignoraron la evacuación mandatoría.

La isla se mantuvo cerrada y seguirá así varios días, según el gobernador de Texas, Rick Perry.

“Solamente tendrán a acceso a la isla personal de emergencia, los residentes de Galveston que evacuaron necesitan quedarse donde están. Hasta nuevo aviso no intenten regresar porque lo único que van a lograr con eso es complicar las operaciones de rescate y recuperación”, dijo Perry.

Por lo pronto, tan sólo en los albergues instalados en San Antonio, Texas, había casi 5,000 personas evacuadas de las zonas afectadas por Ike. Muchos más se encontrarían en albergues en hoteles, casas de amigos y en otros albergues en otras ciudades texanas.

El huracán Ike pegó en Galveston a las 2:10 am del sábado. Con vientos de 110 millas por hora. Ike entró a la isla como un huracán de categoría 2 y causó que las aguas del mar subieran más de 12 pies en el centro de Galveston, dejando gran parte de la zona inundada bajo siete pies de agua.