Rafael Sierra, trabajador de la construcción (izq.), viajó con 21 familiares, incluidos 7 menores de edad. En la foto (de izq a der), Rafael Sierra, Maricela Medina, Kelly Maxwell, San Juanita Medina y Neftalí Rocha. (FOTO:Lolbé Corona)
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Al agua que trajo consigo el huracán Ike habría que sumarle el mar de incertidumbre en el que dejó a los evacuados.

Para Juan Escobar, de Galveston, la espera para recuperar su vida podría tomar hasta un mes. Su casa localizada en la 57 es una pérdida total, quedó sumida bajo más de un metro de agua.

"Todo se destruyó", dijo Escobar quien esperaría en el refugio localizado en Port San Antonio el tiempo necesario para poder regresar. "Aún no cuándo pueda ser, no sabemos nada".

Escobar, de 52 años, quien trabajaba como empleado de mantenimiento en una compañía de autobuses no escuchó las advertencias sobre la fuerza de Ike y decidió permanecer en su casa junto con sus tres hijos el menor de dos años.

Todos se quedaron menos su esposa, quien trabaja en un hospital y de la que Escobar todavía no tiene noticias, pues ella desconoce que decidió permanecer en su hogar con sus hijos en vez de huir de la tormenta.

"No había caído mucha agua por lo que pensé que no estaría tan feo. Cerca de las cuatro de la tarde se empezó a sentir frío y un aire muy fuerte, fue entonces cuando el agua empezó a subir y los niños empezaron a llorar. Temblaban como hojitas", cuenta Escobar, quien les decía a sus hijos que no tuvieran miedo que todo iba a pasar mientras veía con desesperación como la corriente que subía a cada momento era tan fuerte que arrastraba llantas de trailer y pedazos de cerca.

Para poder resguardar a su familia como pudo los subió al techo de su casa. Desde ahí escuchaban los gritos de una vecina que pedía ayuda.

Al día siguiente pudo salvar del agua una camioneta y en la preparatoria local les informaron que debían venir a San Antonio donde espera desde el sábado a tener noticias sobre cuándo podría volver.

"No hay luz, agua corriente, gas, las líneas telefónicas están rotas, hay edificios caídos... En la noche no hago más que pensar y pensar. Todo me preocupa. Espero la ayuda de FEMA y contactar a la aseguradora para ver qué se puede hacer", dijo Escobar quien está mortificado por no tener noticias de su mujer.

No obstante, Escobar sabe que aún no puede abandonar el refugio de San Antonio.

"No podemos ir a ninguna parte, no es seguro volver y tampoco tenemos tarjetas de crédito, ni dinero", dijo.

Pero no todos pensaban igual, a pesar de las advertencias y de las autoridades les informaban que no era tiempo de regresar —incluso en las autopistas de San Antonio había letreros en las carreteras indicando que no lo hicieran y que había muy poca gasolina en el camino— desde el martes muchos se preparaban para emprender la vuelta.

"Contactamos a un vecino que nos dijo que se cayeron tres árboles arriba de la casa, pero que podemos volver", dijo Ernesto Camerino, de 46 años, instalador de televisión por cable, quien viajó desde Houston con su esposa y tres hijos el menor de ocho meses.

En su auto lleno de ropa pensaban hacer espacio para llevarse comida y botes con gasolina extra para poder aguantar la travesía del camino. Confiaban que los daños al inmueble serían menores y que su perro Layo había cuidado bien de sus pertenencias.

"Es muy bravo y sabemos que si alguien intento entrar él no lo dejaría, pero aún así desconocemos que vamos a encontrar", dijo Camerino quien emprendería el camino de regreso la tarde del 16 de septiembre.

"Me preocupa mi bicicleta, mis princesas", dijo Minerva Camerino, de cinco años, al referirse a sus muñecas.

A sólo unos escasos metros de distancia, Rodolfo Varo, de 32 años y empleado de una llantera también acomodaba sus pertenencias en su automóvil para ir de regreso a Orange County junto con su esposa y sus dos hijos, el menor de un año.

"Voy a regresar para enfrentar los problemas. Ya pasó lo peor, lo que viene es ganancia. Las cosas materiales se pueden recuperar", dijo Varo, que esperaba que hubiera tráfico en el regreso pero menos que el que hubo cuando huyó de Ike el jueves 11 de septiembre.

Varo se había registrado en FEMA y esperaba que al hacer seguimiento de su caso podría recibir pronto las ayudas que proporcionaría el gobierno.

"Ha llegado mucha gente al refugio y creemos que vamos a estar mejor en casa, los niños ya han aguantado bastantes cosas", agregó.

En San Antonio había, hasta el miércoles 17 de septiembre, poco más de 2,700 evacuados. Desde el comienzo de la crisis por Ike, la ciudad ha alojado a más de 11,000.

Al mar de preocupaciones habría que sumarle la ola de los rumores que terminaban de afectar el estado de ánimo de los sobrevivientes de Ike.

"Aunque no haya luz, ni agua nos vamos, porque hemos oído rumores de que violaron a tres niñas y de que han habido peleas y tiroteos en el refugio", dijo Clementina Sierra, de Pasadena, Texas, empleada de una tienda de empeño, quien preferían buscar ayuda en casa de amigos o familiares en las cercanías de Houston.

Voceros del Centro de Operación de Emergencias en San Antonio dijeron que no habían oído nada de esos incidentes.

"Andamos todos desparramados y no sabemos con seguridad dónde andan nuestros conocidos, pero la ayuda va a tardar en llegar y nosotros aquí sin dinero y sin poder trabajar no podemos estar", dijo Sierra.

"Estamos entre la disyuntiva de irnos o quedarnos. Hemos preguntado a las autoridades si podemos regresar y nos han dicho que no, pero los niños se quieren ir a casa", dijo Rafael Sierra, empleado de construcción. Junto con él viajaban 21 personas, entre ellos siete menores, el más pequeño de cinco años.

"La decisión la tomaremos en la noche. Hay que pensar", dijo Sierra con la mirada al cielo.