Antonio Díaz, uno de los principales motores de la protesta, dice que no parará hasta que cierren la prisión. (FOTO: Pedro Ruiz)
1/1

No mataron ni robaron a nadie, y muchos son menores de edad (bebés incluidos) con sus madres. Todos ellos, inmigrantes no mexicanos sin papeles, viven en el ‘Centro Residencial Familiar’ T. Don Hutto, en Taylor, Texas, a 25 millas al norte de Austin, un lugar de 500 camas donde residen unas 300 familias.

"Es una cárcel", dice Frances Valdez, de la Clínica de Inmigración de la Universidad de Texas. T. Don Hutto, operada por la Corrections Corporation of America (CCA) bajo contrato con la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE), es una de dos prisiones privadas (la otra en Pennsylvania) en EU que alberga a inmigrantes no mexicanos.

Según la película Hutto: America’s Family Prison, de Matthew Gossage, las ganancias del primer semestre del 2007 en Hutto fueron de $362 millones.

El sábado (ver caja) se llevará a cabo una nueva protesta frente a la cárcel, como ha sucedido más de una docena de veces en los últimos dos años. La protesta, organizada por el Texas Indigenous Coalition y Local782 (una coalición de músicos de San Antonio), tiene como fin protestar por la detención de los niños, exigir mejoras en las condiciones del lugar y, en definitiva, continuar la presión para el cierre de T. Don Hutto.

Al cierre de edición, CCA no había respondido el llamado de RUMBO. Por lo general, el acceso a la prisión es restringido e incluso se le negó la entrada a Jorge Bustamonte, inspector de Derechos Humanos de Migrantes de las Naciones Unidas.

Pero dos personas que estuvieron detenidas en la prisión hablaron.

"Estaba frío y no le daban suficientes cobijas a uno", dijo una hondureña identificada como Denia en la película Hutto. "Yo pensé que mi hijo se iba a morir".

La guatemalteca Heidi Pozuelos estuvo un mes (mayo 2008) en Hutto antes de ser deportada y, aunque no tenía hijos, dio un panorama bastante desolador del lugar.

"Comparado con cómo nos trataron en la frontera, cuando nos detuvieron, en Hutto nos trataron mejor", dijo a RUMBO Pozuelos, por teléfono desde Guatemala. "Pero en Hutto teníamos frío y el trato… depende. Había gente que nos trataba muy bien y gente que nos trataba muy mal. No hubo maltrato físico, pero a las 5 am nos golpeaban la puerta muy fuerte para que nos levantáramos. Y la comida era horrible. Todo congelado y, cuando había carne, era un revuelto asqueroso. A veces ponían el aire muy fuerte y las cobijas que daban eran muy delgadas. Y les decía uno que le bajaran y más bien más le daban, como castigo. Y si una pedía más cobijas, decían que ya no habían, que nada más una a cada uno nos podían dar".

La prisión en Hutto es el símbolo del cambio de política federal en relación al trato de inmigrantes ilegales.

"En México aprobaron una ley de que andar sin documentos ya no es delito encarcelable", dijo a RUMBO Antonio Díaz, vocero de la Texas indigenous Coalition. "Estados Unidos antes tenía este programa. A los centro o sudamericanos que pasaban para acá les daban una fecha para ir a corte y los dejaban libre, el ‘catch and release’. Y ahora es ‘catch and retain’ (capturar y encerrar). Parece que México mejora en derechos humanos, y Estados Unidos retrocede".

Pero lo que más molesta a los críticos de Hutto es la detención de niños, algo que es condenado por las leyes internacionales de protección al menor. "Sólo Estados Unidos y Somalia no firmaron esa declaración", dijo Díaz. "Buena compañía, ¿no?"

En un reportaje con la radio KUT de Austin (cuyo fragmento fue incluido en la película de Gossage), Nina Pruneda, de ICE, hace una curiosa defensa de las características físicas de Hutto.

"Es un lugar familar. El alambre de púas [que lo rodea] es para la seguridad de los que albergamos. Debemos protegerlos porque el inglés no es su primer idioma, sino el segundo. Debemos asegurarnos de que no corran peligro".

El End Game: Detention and Removal Strategy Plan, 2003-2012 (un plan para detectar, detener y deportar a aproximadamente 12 millones de indocumentados) y el HR 4088 (Save Plan), a llevarse a votación en noviembre, complicaría aún más las cosas para los inmigrantes indocumentados.

"Es un plan fascista, porque tiene todo tipo de arreglos para conseguir fondos del gobierno para coordinar distintos departamentos federales con el fin de detener a niños, mujeres y hombres, sin protegerles sus derechos constitucionales", dijo a RUMBO la abogada María Elena Castellanos. "Es un encarcelamiento de familias no violentas, no criminales, bajo condiciones traumáticas".

Según Antonio Díaz, el proyecto de ley HR 4088 va aún más allá.

"Si es aprobada, la HR 4088 criminaliza también los cruces de frontera, pero ahora es un crimen como terrorista, no se trata solamente de cárcel", dijo Díaz. "Quieren cambiar el lenguaje: ya no es un ilegal, sino un terrorista, una felonía que empieza con entre 5 y 20 años de cárcel, según cuántas veces lo hayan pescado. Y, a diferencia de la política anterior, esto también incluye a los mexicanos".

RUMBO leyó el proyecto HR 4088 y, contrario a lo afirmado por Díaz y los críticos de Hutto y las nuevas políticas de inmigración, el HR 4088 distingue dos grupos: los inmigrantes ilegales y los terroristas. Pero lo peligroso del proyecto es que su lenguaje ambiguo ("Tráfico de Inmigrantes Ilegales y Terroristas", en lugar de "Tráfico de Inmigrantes Ilegales o Terroristas") se presta a interpretaciones que pondrían en peligro la ya precaria situación de los derechos civiles desde que se aprobó el Patriot Act.

Pero lo que más preocupa a todos es la detención de niños, hecha con el argumento oficial de "no separar a las familias".

"Es un pretexto", dijo Castellanos. "Hay otras alternativas, pero a los niños no hay que ponerlos presos".

¿Por qué, entonces, es tan difícil conseguir ex reclusos dispuestos a hablar sobre lo que pasa, realmente, dentro de las paredes de Hutto?

"Por miedo a represalias de quienes manejan la cárcel", dijo Castellanos.

¿Qué tipo de represalias?

"Yo no voy a abrir ese bote gusanos".