Jesús Del Toro, editor general de RUMBO. (FOTO: RUMBO)
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El Partido Revolucionario Institucional ha vuelto al primer plano de la política en México.

Su victoria en las pasadas elecciones del 5 de julio, en las que se convirtió en la primera fuerza legislativa, con posibilidad de lograr una mayoría absoluta en alianza con el Partido Verde, fue un golpe contundente al presidente Felipe Calderón y a su partido, Acción Nacional, quienes ahora tendrán que depender de la voluntad del PRI para no verse maniatados en los tres años y pico que le quedan al presente periodo presidencial. Y no es cosa fácil, pues tras la ruda campaña electoral, en la que el PAN atacó acremente al PRI, los priístas van a cobrar caro cualquier colaboración con Calderón.

Por lo pronto, ya indicaron que una medida necesaria es realizar cambios en el gabinete presidencial, quizá con la intención de colocar a algunos priístas en cargos clave o, si el afán del PRI no fuera el de cogobernar directamente, sí al menos eliminar del juego político a algunos personajes del gabinete con los que no tienen deseo de negociación.

Desde luego, otro asunto clave es la agenda. El PRI tendrá ahora en sus manos buena parte de la decisión sobre qué grandes temas tendrán la atención legislativa, al menos en la Cámara de Diputados, que tiene facultad exclusiva en materia de presupuesto. Sin el PRI no habrá manera de que el gasto público y otras medidas políticas clave sean aprobadas, y ese es el peso del 5 de julio.

En el PAN y el PRD, en tanto, la debacle del 5 de julio, que dejó a ambos partidos muy por debajo de sus expectativas, ya se cobró el puesto del dirigente panista y puso al del perredismo en la tablita. Y, finalmente, el voto nulo tuvo una aparición destacada (un 6%), pero que aún falta por articularse en algo más que una anécdota.