Evacuados rezan en un improvisado refugio en un estadio en Pasig, al este de Manila, Filipinas, en anticipo a la llegada de Lupit. (FOTO: EFE)
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MANILA, Filipinas.— Las autoridades filipinas pusieron en marcha ayer las lecciones recientemente adquiridas por el paso de dos tifones mortales que arrasaron el archipiélago semanas atrás, al alistar alimentos de emergencia y refugios antes de la anticipada llegada de la poderosa tormenta Lupit en el noroeste del país.

Las autoridades reunían alimentos y ropa mientras desplazaban a los residentes fuera de las zonas de peligro.

Lupit se aproximaba con vientos de 108 mph y ráfagas de hasta 130 mph. Se esperaba que tocará tierra el jueves.

El país no ha podido recuperarse de las tormentas que llegaron previamente con apenas unos días de diferencia entre sí.

Primero fue Ketsana el 26 de septiembre y después Parma el 3 de octubre. Ambas meteoros cobraron la vida de más de 850 personas, la mayoría a causa de deslaves en la cordillera del norte del país.

"Ahora no tenemos problemas para convencer a los residentes de evacuar", dijo Loreto Espineli, jefe de la policía en la provincia de Benguet, donde murieron 300 personas.

Cuatro helicópteros de la fuerza aérea y dos de la ONU llevaban alimentos enlatados, arroz y ropa a las municipalidades donde los deslaves dañaron las carreteras, dijo Olive Luces, director de la Oficina de Defensa civil en Baguio, a 130 millas al norte de Manila.

La presidenta Gloria Macapagal Arroyo ha responsabilizado al cambio climático del tiempo extremo que ha afectado a su país, pero los críticos señalan que el efecto de las tormentas se magnificó por la falta de planeación urbana.