Seguidores de Abdul-Azizal-Hakim cargan en hombros su ataúd durante su funeral en Bagdad. (FOTO: AP])
1/1

BAGDAD, Irak.— Miles de personas salieron a las calles de lacapital iraquí ayer, en medio de estrictas medidas de seguridad, para despedir los restos de un reverenciado líder chiita, cuya muerte, según dijo el primer ministro Nouri al-Maliki, deja un vacío en el país durante "un período delicado y sensible".

La ceremonia de ayer en una mezquita de Bagdad tuvo lugar en la segunda jornada de un funeral de dos días para Abdul-Azizal-Hakim, una figura influyente en la política chiita, cuya ausencia se hará sentir en el período conducente a las elecciones nacionales de enero.

"Te hemos perdido mientras atravesamos un período delicado y sensible, y en un momento en que necesitamos hombres fuertes con experiencia y que hayan hecho grandes sacrificios", dijo Al-Maliki, hablando en el aeropuerto directamente al féretro de Al-Hakim, poco después de su llegada a Bagdad.

Al-Hakim, que murió el miércoles de cáncer al pulmón en Teherán, era un símbolo para la mayoría política chiita iraquí después de décadas de opresión durante el régimen sunita de Saddam Hussein.Colaboró con los estadounidenses después de la invasión de 2003, aunque mantuvo sus vínculos con Irán donde vivió en el exilio durante 20 años.

Su muerte se produce en momentos en que los rebeldes intensificaron los ataques, incluyendo explosiones coordinadas la semana pasada en ministerios en Bagdad que dejaron un centenar de muertos.

La seguridad era intensa en la ciudad por temor a que la procesión fúnebre pudiera ser blanco de los insurgentes que pretenden agitar las tensiones sectarias.

Las fuerzas de seguridad iraquíes cerraron al tránsito importantes sectores de la capital y los caminos que unen la Zona Verde, donde se encuentran los edificios de gobierno, y el aeropuerto, donde Al-Maliki y cientos de funcionarios y jerarcas religiosos se congregaron para recibir el cuerpo de Al-Hakim.