El sueño americano. 12 millones de indocumentados aspiran a vivir y aportar en Estados Unidos con sus familias sin temor ni persecución. (FOTO: La Opinión)
1/1

En la década de 1950, Jesus Galván emigró de Colima, México, a Estados Unidos como parte de la ola de braceros mexicanos. Pero más de 50 años después aún no logra cumplir del todo su sueño americano.

Cuando terminó el programa Bracero, Galván se quedó en EU a trabajar en una fábrica con la esperanza de que algún día iba a poder tener a su familia a su lado.

El tiempo pasó y Galván obtuvo la ciudadanía y parecía que al fin podría legalizar el estatus de su familia. Pero no ha sido así: hace 12 años Galván metió las solicitudes para legalizar a sus ocho hijos, sin éxito.

Tres de los hijos de Galván han logrado legalizarse por otras vías, pero cinco esperan que les llegue la cita. Algunos están en México y hasta cierto punto se han resignado.

"Yo trabajé muy duro como bracero y sufrí mucho pero todo lo hice pensando en dejarle a mis hijos la herencia de ser residentes legales y no se los he podido cumplir", dijo Galván.

Los abogados le dicen a Galván que podrían pasar unos cinco años más sin que reciba respuesta y que quizás una reforma le ayude.

"Estoy desilusionado, siempre he hecho las cosas al pie de la letra pero de nada me ha servido, mis hijos siguen esperando un milagro", agregó Galván.

Galván es tan solo una de las tantas caras diversas que se encuentran a la espera de una reforma migratoria integral.

"Los casos van de un extremo al otro hay de todos sabores y colores", dijo Maria Jimenez, de CRECEN.

"El grupo más significativo es el de más de 12 millones de personas ilegales, pero además hay muchas otras que están con dilemas especiales, las personas del programa ARCA, del TPS, los que se quedaron a medias en la unificación familiar y los ciudadanos que están buscando legalizar a su seres queridos", agregó Jimenez.