NUEVA YORK.— Un servicio de "visitadoras", eufemismo por "prostitutas", para satisfacer a militares fue la idea que el escritor peruano Mario Vargas Llosa plasmó en su novela de 1973, Pantaleón y las visitadoras, y que se presenta esta vez en una obra musical en el Repertorio Español, con 14 actores en escena y música original de Cabas.
El libro fue visto como una provocación por el gobierno del Perú que prohibió la filmación del primer largometraje en 1974. Pero una segunda adaptación para el cine se llevo a cabo en 1999 dirigida por Francisco Lombardi.
"No estoy seguro si la idea original de Vargas Llosa fue representar la pieza como una comedia, pero me parece muy interesante la visión del director Jorge Alí Triana, porque el contenido de la obra es casi absurdo. Por esto me parece bien que ha sido transportado a comedia franca ya que se le saca más provecho e interpretación al contenido", indicó a El Diario/La Prensa el actor venezolano Marcelo Rodríguez, quien estudió teatro musical en Nueva York.
Al principio de la obra Rodríguez interpreta a un militar, capitán Collazos, quien envía a Pantaleón a una misión en la selva. El otro personaje que el actor venezolano da vida es Sinchi, un periodista con mucha influencia dentro del pueblo y quien trata de destruir la idea que Pantaleón quiere implementar.
"El capitán Collazos es un hombre tranquilo quien cree que resolverá los problemas y violaciones por parte de la tropa en la selva (...) La otra cara de la moneda es Sinchi, que como todo periodista de un pueblo pequeño se siente amo de toda la información, ve mucho dinero y saca provecho de la situación a través del sabotaje", apuntó el venezolano.
Pantaleón y las visitadoras se estrenó oficialmente el pasado jueves con las actuaciones de Denise Quiñones, Miss Universe 2001; el actor de telenovelas Anthony Alvarez y Ricardo Barber, Selenis Leyva y Silvia Sierra, entre otros artistas.
La acción de esta comedia basada en una historia real —según Vargas Llosa— toma lugar en una localidad remota de la Amazonia peruana.
Los superiores del ejército envían al capitán Pantaleón Pantoja, un hombre íntegro, buen esposo y excelente profesional, a realizar una difícil y secreta misión: montar un servicio ambulante de "visitadoras" para aplacar las "necesidades" de las tropas.
Dicha misión va en contra de todos los estándares morales del capitán, pero es por esta misma razón, por su carácter serio y responsable, su discreción, sus dotes de estadista y de organizador nato que es elegido.
El servicio de visitadoras rápidamente se convierte en una de las ramas más eficientes del ejército pero la historia toma un giro inesperado cuando Pantaleón se enamora de una de las prostitutas.
"La literatura latinoaméricana en el campo de la novela es de una riqueza extraordinaria y compleja. El desarrollo de la narrativa es mucho más amplio y profundo que la misma literatura dramática", explicó Jorge Alí Triana, director de la pieza teatral.
Según Verónica Triana, co adaptadora de la obra, lo primero fue seleccionar la línea argumental que interesa de la novela de Vargas Llosa y crear un esqueleto de las escenas.
"De alguna manera, el trabajo de la prostitución, profesión más antigua, se legítima o se reivindica en esta obra. Las prostitutas tienen derecho a tener prestaciones sociales, libres los domingos, clientes fijos, horarios, y esto es lo que logra Pantaleón Pantoja, quien es una persona increíblemente disciplinada", dijo Verónica.
"Es una comedia gestual, es decir una comedia en la cual el actor tiene que trabajar con todo el cuerpo, no solamente en las partes coreográficas donde tiene que bailar también sino en toda la obra. Sunilda Caraballo —la coreógrafa de la obra— tiene varias cualidades, además de su talento y belleza es actriz, canta, por lo que comprende muy bien la narración dramática y no alguien que viene a montar un número de baile dentro de la obra, sino que comprende perfectamente de lo que se trata, de que va la obra, cual es la situación y la intención de los personajes", señaló Alí Triana.
Por su parte Sunilda Caraballo, aseguró que el director colombiano tiene una visión muy clara. "Desde un principio tuvo definido el montaje con elementos cubistas, grotescos y no tan literal (...) El trabajo de un coreógrafo es transmitir esa visión del director, que en este caso es el baile y el movimiento corporal dentro de la obra", explicó la coreógrafa.
Caraballo, quien participó en el musical Celia, elogió el trabajo del cantautor colombiano Andrés Cabas que compuso la música de la pieza teatral y la cual sirvió de inspiración para la coreografía.