Katie Holmes y Tom Cruise. Efe
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Nadie apostó por los matrimonios entre Antonio Banderas y Melanie Griffith o Demi Moore y Ashton Kutcher, pero el tiempo ha demostrado que de las historias más descabelladas pueden surgir las parejas más estables de Hollywood.

Y así lo demuestran cuatro historias que tienen en común las diferencias entre los miembros de las parejas. Los polos opuestos se atraen y, en Hollywood, funcionan.

AMOR EN SPANGLISH

El romance entre Antonio Banderas, un joven latino que por la década de los 90 pretendía hacerse un hueco en el cine estadounidense, y Melanie Griffith, protagonista de escándalos en el papel couché, no despertó confianza a ninguno de los dos lados del Atlántico.

Banderas afirma al rememorar su primer encuentro con Melanie Griffith que estaba tan nervioso que lo primero que se le ocurrió fue preguntarle su edad. En aquel momento, la actriz estadounidense tenía 37 años, una vida pública en Hollywood marcada por escándalos y ni idea de español.

Antonio Banderas, de 35 años y casado con Ana Leza, estudiaba inglés para abrirse un hueco en Hollywood.

Se dice que en el rodaje de 'Two much' de Fernando Trueba, Banderas fue al camerino de Griffith a animarla tras un mal día y ella se quedó prendada del latino, lo cierto es que resulta difícil imaginarse esas primeras conversaciones en "spanglish". Hoy llevan 14 años casados y tienen una hija en común.

EL SUEÑO DE UNA FAN

Tom Cruise conoció a Katie Holmes durante la búsqueda de una coprotagonista para la película 'Misión Imposible III'. Fue amor a primera vista, Cruise lo proclamó a los cuatro vientos y a los pocos meses se comprometieron. La diferencia de edad de 17 años no es lo único que hace a esta pareja especial. En una amplia entrevista concedida a un diario neoyorquino, Holmes reconocía que "ya estaba totalmente enamorada de él" cuando conoció a Cruise. Lo cierto es que Katie había sufrido un amor platónico por Tom Cruise en su adolescencia y ha admitido haber tenido pósters en su habitación con la cara del actor.