'New Moon', segunda entrega de 'Twilight'. Foto: Summit Entertainment
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EFE

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La segunda entrega de la saga 'Twilight' llegó a los cines precedida de una enorme expectación y probablemente no decepcionará a los más fanáticos, pero 'New moon' es una película facilona, en exceso fiel a la obra y en la que el director no ha asumido ningún riesgo.

El director Chris Weitz ('The Golden Compass') no hace el más mínimo esfuerzo por mejorar un producto que se ha convertido en un fenómeno mundial, con unos seguidores que consumen todo lo que tiene que ver con la saga sin apenas pestañear.

Weitz repite en la fórmula que le ha funcionado a Stephenie Meyer en los libros y mezcla con habilidad todos los elementos que gustan a los adolescentes. Vampiros, hombres lobo, una historia calcada de Romeo y Julieta que interpreta una pareja protagonista con gancho (Kristen Stewart y Robert Pattinson), un tercero en discordia (el tan musculoso como inexpresivo Taylor Lautner), un poco de incomprensión adolescente, unas cuantas peleas y una imagen neoromántica de lo más adecuada.

Durante la primera hora y cuarto de la película asistimos al 'duelo' de Bella por la partida de Edward y su familia y a su reencuentro con Jacob, el descendiente de lobos, todo ello a un ritmo cansino y rodeado de un aura de filosofía adolescente.

Sólo cuando Bella es amenazada y entran en acción los hombres lobo (con escenas muy cuidadas y con una fantástica técnica de efectos especiales) la historia empieza a animarse.

Sin embargo, es demasiado evidente que se trata de una historia de transición hacia la 'conversión' de Bella, algo que veremos en la tercera parte. Y esa sensación de no ver la historia completa lastra el desarrollo de este segundo filme.