Fue un colono español, Juan de Tolosa, quien en 1546 encontró una gran veta de plata que dio lugar a la construcción de Zacatecas, una ciudad minera entre dos cerros, el de la Bufa y el del Grillo. Por ello no es de extrañar que la minería tradicionalmente haya sido la principal industria de la ciudad y del estado en general, a pesar de que a finales de los 70 se cerró el último yacimiento, porque ya no era recomendable seguir haciendo agujeros en el subsuelo de la localidad.
Hoy el estado de Zacatecas sigue ocupando los primeros puestos en explotación minera, pero los habitantes de su capital ya no viven de esta industria, sino que, como indicó el secretario de turismo del estado, Rafael Flores Mendoza, tienen otras actividades como los servicios y el comercio.
Y, por supuesto, el turismo, que representa casi el 7% del producto Interno Bruto del estado y del que viven directamente 14,000 familias de los 122,889 habitantes que tiene la ciudad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Historia.
Al año llegan a esa localidad cerca de 800,000 visitantes que, en opinión de Flores, tienen la oportunidad de disfrutar de "la otra cara de México", un país que "no es sólo de sol y playa", algo similar a lo que sucede con otros destinos coloniales como Guanajuato, también en el centro mexicano y Oaxaca, al sur.
En 1993, la UNESCO otorgó a Zacatecas el título de Ciudad Patrimonio de la Humanidad por su traza urbana, su riqueza arquitectónica y su historia.
Un buen punto para comenzar la visita turística es subirse en el teleférico y disfrutar de las vistas aéreas de la ciudad, antes de adentrarse por sus calles y visitar, por ejemplo, su catedral, cuya portada está considerada como una obra maestra del barroco exhuberante mexicano. Siguiendo con la arquitectura religiosa, destaca el templo de San Francisco, construido en el siglo XVI por la orden franciscana y que por los incendios y derrumbes que ha sufrido conserva un aspecto ruinoso que le da un encanto especial. Sus escasas paredes en pie albergan el Museo Rafael Coronel en el que, entre otras cosas, puede verse la colección más grande de máscaras del mundo. El Santuario del Patrocinio es otro lugar de obligada visita, especialmente por las vistas panorámicas que se observan de la ciudad ya que está construido sobre el Cerro de la Bufa.
Como muestra de la arquitectura civil destaca la Plaza de Armas, en cuyo costado se encuentra el Palacio de Gobierno, edificio barroco del siglo XVII que alberga en su interior un mural del artista local Antonio Pinto que cuenta la historia de Zacatecas.
La tradición minera de la ciudad también puede vivirse desde cerca, desde el interior de la tierra, ya que una de sus minas, la del Edén, se acondicionó para ser visitada.
Pero no sólo la capital tiene interés turístico sino que el interior del estado también guarda joyas como Pinos, Sombrerete (la ciudad con mayor patrimonio arquitectónico después de Zacatecas) y Jerez. Estos municipios se fueron construyendo porque por los territorios del interior de Zacatecas transcurría el Camino Real Tierra Adentro, que es el nombre con el que se conoció a las veredas por las que se transportaba la plata.
Otro filón del estado es el turismo religioso con localidades como Plateros, que a pesar de su pequeño tamaño, se vanagloria de recibir un total de 2.5 millones de visitantes anuales solamente para conocer su ermita. Uno de los días más importantes del año para Zacatecas es el último domingo de agosto, cuando se celebra la fiesta de las Morismas, la escenificación de las batallas de moros y cristianos típicas de España. Esta tradición fue traída por los franciscanos de Valencia y en ella participan unas 12,000 personas que durante tres días representan las batallas subidos en un cerro y vestidos con variopintos trajes, mexicanizando la fiesta.
La ciudad de Zacatecas también es famosa para la historia del país ya que fue escenario de una histórica pero sangrienta victoria de los revolucionarios mexicanos, cuando en 1914 las tropas de Pancho Villa tomaron el cerro de la Bufa. Aunque supuso un gran éxito para la Revolución, esta batalla provocó que Zacatecas se desangrara: sus habitantes pasaron de 60,000 a 14,000 y su industria quedó arrasada. Los ciudadanos comenzaron entonces a emigrar a ciudades de México y a EEUU y se da la paradoja de que hoy en ese país hay tantos zacatecanos, 1.4 millones, como en todo el estado. De hecho, gran parte de la economía se sustenta por las remesas que los extranjeros envían a sus familias, 1.2 millones de dólares al día.