La emoción de la cena de Acción de Gracias cuaja, sobre todo, en la cocina del pavo, a cuyo relleno los hispanos aportan la ayuda de apetitosas variantes: desde el picadillo con carne de puerco, judías, yuca y tocino hasta ingredientes como ciruelas, aceitunas y huevo.(FOTO: Archivo/EFE)
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MIAMI (EFE).- Aunque el rito del pavo relleno no encuentra rival en EE.UU. en la cena de Acción de Gracias, los iberoamericanos aprovechan la festividad para disfrutar con igual entusiasmo de lechones asados, cochinillos y gallinas.

La emoción de la cena de Acción de Gracias cuaja, sobre todo, en la cocina del pavo, a cuyo relleno los hispanos aportan la ayuda de apetitosas variantes: desde el picadillo con carne de puerco, judías, yuca y tocino hasta ingredientes como ciruelas, aceitunas y huevo.

Es la comida más familiar del año en Estados Unidos, el banquete al que, a base de buena mano en el asado de esta ave emblemática, estadounidenses, inmigrantes (con o sin papeles), creyentes o ateos por la gracia de Dios se entregan con júbilo y firme apetito.

Si bien la hegemonía del pavo en esta celebración de intimidad a mesa y mantel es indiscutible, su imperio se ve desafiado por detractores que reniegan de su carne por coriácea e insípida.

Quizá por ello, los más renuentes a las excelencias del pavo han descubierto el arte de marear esta gallinácea a base de alegres aspersiones de brandy, variante no muy ortodoxa pero que vuelve al parecer sus carnes en más sabrosas tajadas. Todo sirva para mayor gloria del pavo.

Se recurra al pavo relleno, al lechón, al estilo criollo o al cochinillo asado a la manera castellana, lo cierto es que todos disfrutan de esta cena al igual que aquellos primeros colonos ingleses (Pilgrims) que llegaron a principios del siglo XVII a EEUU, casi 50 años después, todo hay que decirlo, de la fundación por los españoles de San Agustín en 1565, la ciudad más antigua de este país.