Acaba de salir al mercado la segunda generación de la “crossover” Infiniti FX. Y al igual que la FX original, esta nueva edición está compuesta por dos modelos: FX50 y FX35.
Como ya imaginarán, los dígitos en los nombres se refieren al motor. La FX50 está equipada con un V8 de 5.0 litros y la FX35 con un V6 de 3.5. En ambos modelos, la transmisión es automática de siete velocidades con modo manual que puede ser operado directamente desde la palanca principal o por medio de dos palanquitas de magnesio instaladas detrás del volante.
La FX35 está disponible con tracción en las ruedas traseras o con sistema All Wheel Drive (AWD). Equipada así, la FX35 tiene un rendimiento de combustible de 16 millas por galón (mpg) en la ciudad y 21 en la carretera. Sin el AWD, el consumo en la ciudad se queda en las 16 mpg mientras que en la carretera se refleja una leve mejora a 23 mpg. Por su parte la FX50, que está disponible únicamente con AWD, tiene un rendimiento de 14 mpg en la ciudad y de 20 en la autopista.
Los precios de la FX35 arrancan en $40,950 y los de la FX50 en $56,700.
Hay un tercer motor en la línea FX. Es otro V6, éste de 3.7 litros que le da el muy predecible nombre de FX37. Empero este motor, y por consiguiente el modelo, está reservado exclusivamente para el mercado europeo. En Norteamérica sólo se distribuirán la FX50 y la FX35.
Fue precisamente en Europa donde tuvimos nuestro primer encuentro con la nueva FX durante nuestra cobertura del evento Nissan 360, celebrado recientemente en Portugal. Entre los 60 modelos disponibles para la prueba había una FX50 con la cual visitamos la milenaria ciudad de Sintra.
Aun cuando es un modelo totalmente rediseñado, a primera vista es evidente que se trata de una FX pues continúa presente el característico porte agresivo y muscular de la original. Además proyecta la misma imagen de solidez. Aportan a su temible look la anchura de la carrocería y los inmensos aros de 21 pulgadas diseñados por Enkei. En el caso de la FX35, los aros son de 18 pulgadas, con otros de 20 como equipo opcional.
A pesar de su tamaño es muy fácil subir a la FX. No hay que estirar las piernas, buscar agarraderas ni treparse a estribos, porque de hecho ni siquiera los tiene. La altura de abordaje es tan sólo un poco más alta que la de un típico sedán de familia.
Una vez dentro, el conductor es recibido por una cabina con el ambiente propio de un automóvil deportivo. El volante es grueso y las butacas amplias y con buen soporte lateral. Tanto los asientos como el guía y la palanca de cambios están forrados de piel negra. También hay varios componentes con terminaciones de aluminio o madera que acentúan la ambientación elegante.
La ruta en que probamos la FX50 nos llevó desde la antigua pista de Fórmula 1, Circuito Estoril (donde temprano en la mañana habíamos probado el Nissan GT-R), hasta la cercana Sintra.
Tan pronto salimos del complejo de aceleración, la FX se convirtió en un imán para los ojos. Notamos que otros conductores la miraban y en algunos en carriles contiguos mantenían su marcha casi paralela a la nuestra para observarla mejor. Esto ocurrió no sólo por lo atractivo del diseño, sino porque para los portugueses un vehículo Infiniti es algo totalmente nuevo ya que allá la marca no existe. Eso cambiará dentro de poco pues Nissan tiene pautado el debut europeo de Infiniti para finales de año. El único país europeo en el que su división de lujo ya está presente es Rusia, donde entró en el 2006.
La primera parte del trayecto de Estoril hacia Sintra es una carretera recta, lo que nos permitió probar la aceleración de la FX. Los 390 caballos de fuerza (70 más que en la saliente FX45) y 369 libras de torque del V8 permiten un arranque muy vigoroso.
Sólo un detalle desvió mi atención de las excelentes cualidades de la FX: la belleza del pueblo de Sintra. Las amplias avenidas de Estoril comenzaron a tornarse en estrechas carreteras de montaña y el entorno urbano en otro de vegetación. Este tramo fue ideal para probar la suspensión y los frenos y aquí, al igual que en las rectas, el comportamiento de la FX se pareció más al de un sedán deportivo que el de un vehículo utilitario.
Las curvas se trocaron en angostas calles adoquinadas en las que fueron apareciendo antiguos puentes de ladrillo, imponentes mansiones antiguas y castillos milenarios. Y es que ir a Sintra equivale a viajar al pasado. La ciudad fue un baluarte de los moros durante su ocupación de la península ibérica y construyeron allí un fuerte en el siglo VIII. Recién en el 1147 los portugueses lograron reconquistarla. Ya en tiempos de paz, y a lo largo de 600 años, la ciudad se convirtió en un destino vacacional para la aristocracia portuguesa.
Atraído por la belleza de la ciudad tuve que estacionar la FX y dar una breve caminata por varias de sus callecitas hasta el emblemático Palacio Nacional, donde se hospedaban los reyes de Portugal.
El diseño moderno de la FX50 contrastó fuertemente con la antiquísima arquitectura de Sintra y nuevamente atrajo miradas, tanto de locales como de turistas.
A pesar de su impactante belleza, Sintra no fue un buen lugar para manejar la FX. Sus calles, diseñadas para medios de transporte impulsados por patas en vez de motores, resultaron ser demasiado estrechas. Para avanzar sin rasguñar los parachoques o espejos retrovisores contra alguna de las murallas o los muchos microcarros mal estacionados había que manejar con sumo cuidado. No obstante, la fugaz visita muy bien valió la pena.









