En muchas ocasiones, la británica Jaguar ha sido catalogada como una automotriz demasiado tradicionalista. Esto se ha debido mayormente al diseño conservador de sus sedanes. Por ejemplo su automóvil insignia, el clásico XJ, ha mantenido prácticamente intacto su distintivo diseño a lo largo de toda su larga trayectoria de 40 años. Es cierto que desde su debut en 1968 ha sido rediseñado en varias ocasiones, pero aun así siempre ha mantenido patrones de diseño tales como el cuarteto de faroles delanteros redondos, luces traseras en forma de triángulos y el perfil notablemente alargado con techo bajo.
Lo mismo ocurre con sus otros sedanes. El compacto X-Type, introducido en el 2001, es prácticamente una réplica a escala del XJ, y el S-Type es un modelo retro inspirado en el Jaguar Mark II de 1959. En otras palabras, los sedanes de Jaguar se han mantenido aferrados a la tradición.
Por el contrario, el más reciente modelo de Jaguar, el XF, es la antítesis de la tradición.
Introducido como un modelo del 2009 y con un diseño más propio de un cupé que de un sedán, el XF ha llegado a impartirle a Jaguar una muy necesitada dosis de dinamismo. Luce tan digno de entusiasmo como el XK, el único cupé de la marca. Del XF podríamos decir que en la familia de sedanes de Jaguar, es el hermano tatuado y con anillo en la nariz. Puro rebelde.
La línea XF, que viene para sustituir al S-Type, se compone de tres modelos: Luxury ($49,975), Premium Luxury ($55,975) y Supercharged ($62,975). Todos tienen un motor V8 de 4.2 litros que mueve con furia las ruedas traseras. Lo que varía es la potencia. En los primeros dos modelos el caballaje es de 300, mientras que en el Supercharged, la fuerza se dispara a los 400 caballos.
En los motores sin supercharger, el rendimiento de combustible es de 16 millas por galón (MPG) en la ciudad y de 25 en la autopista. Mientras, en el Supercharged, a pesar de los 100 caballos adicionales, el consumo aumenta muy poco. Sus cifras son de 15 y 23 MPG en la ciudad y en la carretera, respectivamente.
Ambas versiones del motor van empatadas a una transmisión automática de seis velocidades con modo manual. Este tipo de caja ya está presente en prácticamente cualquier tipo de carro, hasta en los más económicos. Pero lo que hace que la del XF sea diferente es que carece de palanca. En cambio se opera por medio de un botón giratorio ubicado entre los asientos delanteros, donde normalmente está la palanca convencional. Para cambiar de “Park” a “Drive”, tan sólo se gira el botón un poquito hacia la derecha, tal y como se hace con los controles de una radio. Ahora bien, el modo manual de la transmisión sí tiene palancas y son pequeñas de metal instaladas en el timón.
Recientemente probamos un XF Premium Luxury y nos pareció fascinante. Lo primero que atrapa el ojo es, por supuesto, el diseño. Uno esperaría curvas así y sobre todo, un diseño como ése, más bien de un Aston Martin. Lo bueno es que según la misma Jaguar anunció a principios de año en el salón de Detroit, sus próximos modelos llevarán un patrón de diseño basado en el del XF.
Lo que nos cautiva a continuación es la cabina, que ostenta excelentes materiales y terminaciones. Por consiguiente, la ambientación es de suntuosidad. Sucede, no obstante, algo muy dramático y es cuando se enciende el motor. Luego de presionar el botón del encendido ocurre algo que lo deja a uno con la boca abierta de sorpresa. Simultáneamente y en perfecta sincronización, se abren las ventanillas del acondicionador de aire y el botón giratorio de la transmisión sube por sí solo de su consola. Ver todos estos componentes moverse en conjunto es tan impresionante que durante el proceso uno casi puede escuchar un preludio de música clásica.
Otra muestra de la tecnología de este felino es el sistema que avisa la presencia de un vehículo, persona u objeto en los llamados puntos ciegos. Ya sea transitando o estacionado, el sistema detecta y alerta al conductor sobre cualquier obstáculo situado a los lados posteriores al vehículo que no se refleje en ninguno de los espejos. El aviso llega por medio de un pequeño icono anaranjado en las esquinas superiores exteriores de los retrovisores.
En la carretera, el XF es tan excitante como su apariencia. Los 300 caballos ofrecen un arranque bien potente (6.2 segundos en el 0 a 60, según Jaguar y 5.1 en el Supercharged). La suspensión permite unos movimientos tan ágiles como los de un verdadero jaguar. Para divertirse aun más en este carro, tan sólo basta activar el modo manual de la transmisión.













