ANÁLISIS

Hace seis meses que la supuesta intención del presidente Barack Obama de presentar una reforma migratoria en el primer año de gobierno se convirtió en una promesa no cumplida.

Así que en su discurso de hoy al país, el mandatario deberá ofrecer algo más que retórica, algunos pasos concretos o arriesgar una mayor desilusión y una creciente apatía electoral de parte de los latinos, señalan observadores.

Mientras en público algunos grupos cercanos al tema ofrecen el beneficio de la duda a la Casa Blanca y esperan que, ahora sí, haya movimiento, otros simplemente no creen que el Presidente vaya a anunciar nada nuevo el día de hoy.

"Yo no espero gran cosa. Más bien creo que es un discurso simbólico para enviar una señal a los grupos pro imigrantes y a los votantes latinos de que aún apoya la reforma migratoria. Aunque creo que a este punto del asunto, si sigue hablando sin hacer nada a favor de los inmigrantes, la gente dejará de escuchar", señaló el catedrático de Pitzer College Adrián Pantoja, especialista en inmigración y política.

El Presidente está bajo presión por todos lados. El tema migratorio es posiblemente uno de los más controversiales y emotivos con los que lidia un mandatario que, en términos generales, está lidiando con algunos de los temas más álgidos en un momento difícil: recesión económica, salud, reforma financiera y, ahora, el derrame petrolero en el Golfo de México.

Por un lado están las elecciones de noviembre y la presión republicana —y demócrata— de no tocar un tema tan controversial como el migratorio. Por otro está el bajón en las encuestas que Obama ha sufrido no sólo entre la población en general sino, más recientemente, entre los latinos, uno de los grupos demócratas más fieles y que salió en mayor proporción a apoyar a Obama.