ANÁLISIS
Hace seis meses que la supuesta intención del presidente Barack Obama de presentar una reforma migratoria en el primer año de gobierno se convirtió en una promesa no cumplida.
Así que en su discurso de hoy al país, el mandatario deberá ofrecer algo más que retórica, algunos pasos concretos o arriesgar una mayor desilusión y una creciente apatía electoral de parte de los latinos, señalan observadores.
Mientras en público algunos grupos cercanos al tema ofrecen el beneficio de la duda a la Casa Blanca y esperan que, ahora sí, haya movimiento, otros simplemente no creen que el Presidente vaya a anunciar nada nuevo el día de hoy.
"Yo no espero gran cosa. Más bien creo que es un discurso simbólico para enviar una señal a los grupos pro imigrantes y a los votantes latinos de que aún apoya la reforma migratoria. Aunque creo que a este punto del asunto, si sigue hablando sin hacer nada a favor de los inmigrantes, la gente dejará de escuchar", señaló el catedrático de Pitzer College Adrián Pantoja, especialista en inmigración y política.
El Presidente está bajo presión por todos lados. El tema migratorio es posiblemente uno de los más controversiales y emotivos con los que lidia un mandatario que, en términos generales, está lidiando con algunos de los temas más álgidos en un momento difícil: recesión económica, salud, reforma financiera y, ahora, el derrame petrolero en el Golfo de México.
Por un lado están las elecciones de noviembre y la presión republicana —y demócrata— de no tocar un tema tan controversial como el migratorio. Por otro está el bajón en las encuestas que Obama ha sufrido no sólo entre la población en general sino, más recientemente, entre los latinos, uno de los grupos demócratas más fieles y que salió en mayor proporción a apoyar a Obama.
No hay que olvidar que los votantes inmigrantes estuvieron entre los que más aumentaron su participacion en 2008 y los que en mayor proporción respaldaron a Obama, en parte por su promesa de cambiar la política migratoria y luchar por una reforma.
Pero eso no ha ocurrido. En vez de ello, el gobierno de Obama ha lanzado múltiples iniciativas para endurecer las deportaciones, reforzar la frontera y procesar más casos migratorios.
El mismo día que se reunión con activistas, gente de su gobierno fue a Arizona a entrevistarse con la gobernadora y presentarle la intención de mandarle otros 500 guardias nacionales y más recursos para la frontera.
Las constantes noticias sobre estudiantes ejemplares o simples trabajadores deportados y familias destruidas están teniendo su efecto, y los demócratas podrían sentir ese efecto en noviembre de parte de los latinos en ciertos estados claves.
"Definitivamente las encuestas muestran una desilusión por parte de la comunidad latina que se me hace muy saludable. No podemos seguir siendo un perro fiel al partido", señaló el activista Roberto Lovato, de Presente.org.
La inmigración lo toca todo y ahora el Presidente debe confrontar el tema de frente, sobre todo después de que en los últimos meses los activistas usualmente amigos de la Casa Blanca y hasta congresistas demócratas como Luis Gutiérrez, han incrementado las duras críticas hacia el Presidente por endurecer las deportaciones pero no moverse en inmigración.
"El problema es que él prometió una cosa y lo que empezó a verse es que se intensificaron las medidas policiales, la reforma quedó atrás y la agenda se fue complicando. Pero luego vino la ley de Arizona y ahora otros estados que quieren hacer lo mismo…él buscó el voto latino prometiendo reforma migratoria y hoy la situación está mucho peor que antes", dijo una fuente de Washington que prefirió no ser identificada.
Es imposible saber si gana o pierde más al hacerlo, apuntó Samuel Rodríguez, líder evangélico que estuvo presente en la reunión esta semana con el Presidente y quien se muestra optimista de que Obama "hará lo correcto".
"El Presidente sabe que la ley de Arizona tiene apoyo entre los estadounidenses", señaló Rodríguez. "Él sabe que puede perder más con lo que diga mañana [hoy] entre la mayoría de los estadounidenses. Pero creo que él ve el tema como algo moral. Creo que lo que va a decir es algo histórico".
Los grupos y activistas pro inmigrantes que no pertenecen al círculo de Washington y de los que se reunieron con el Presidente esta semana tienden a tener una postura menos benevolente y más crítica de las acciones de Obama y la Casa Blanca, por lo que opinan que más que la reforma en sí, que estaría en manos del Congreso, el Presidente tendría que tomar decisiones ejecutivas inmediatas para probar sus buenas intenciones hacia la comunidad inmigrante.
"Él podría tomar tres medidas inmediatas que tendrían como consecuencia detener el terror que está impartiendo su administración en la comunidad inmigrante", dijo el activista Lovato.
Éste señala que Obama podría eliminar programas como la 287g y Comunidades Seguras, mediante los cuales las autoridades locales deportan a masivas cantidades de inmigrantes y "desmantelar el aparato de terror que deporta 1,000 personas al día, niños que ven a sus padres deportados, familias separadas, hombres fuertemente armados entrando a casas y negocios".
Del otro lado, por supuesto, también hay gran presión. Con elecciones de medio período en noviembre, ningún republicano y tampoco muchos demócratas quieren dar pasos controversiales ni tocar un tema tan álgido como el migratorio. Al contrario, si lo tocan es para oponerse y generar movilización de bases conservadoras en el tema.
Esta semana, ocho congresistas republicanos le escribieron una carta al Presidente exigiéndole que no "se oponga a la voluntad del pueblo estadounidense", que considera que otros temas son mucho más importantes que inmigración. Cada vez hay más estados considerando leyes parecidas a la de Arizona.
El discurso de hoy allanaría el camino a la presentación de una demanda contra la ley de Arizona por parte del gobierno de Obama, pero nadie se atreve a predecir que resultará en una reforma migratoria.
Frank Sharry, de America’s Voice, estuvo recientemente en Los Ángeles reunido con la junta editorial de La Opinión y allí reveló la gran frustración que sienten los activistas sobre este tema. Sharry cree que el Presidente debería al menos cambiar las prioridades para deportar sólo a los criminales más peligrosos y apoyar medidas como el DREAM Act y Ag Jobs para jóvenes y trabajadores agrícolas.