En el pentecostalismo se acepta a todos por igual, pero no se permite la bebida, el juego, los cigarrillos ni otro tipo de adicciones.
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José López, un guatemalteco de 40 años que viste una túnica púrpura observando con interés la ceremonia cerca de un modelo de cera de Jesús, dice que no cree que la Iglesia Católica se haya desacreditado y que él ha sido y será siempre un católico. Participar y presenciar un bautismo es importante, agrega, porque "en él comienza la salvación, porque Jesús significa la salvación".

"Esto parece un mercado más que una iglesia", dice el diácono Alberto Cutie sobre la sala repleta, y da inicio a un sermón en el que enfatiza que el matrimonio debe ser como una sociedad, en donde el hombre y la mujer son iguales.

Contrariamente a los pentecostales, los católicos no requieren a sus miembros renunciar a cosas como el alcohol. Para algunos, esa diferencia es de inmensa importancia.

"Ser un esclavo a algo es una experiencia horrible", dice Marcos. "Si hay algo que no te gusta debes hacer algo contra eso". Para él, eso significó una conversión total a un movimiento que lo acepta con sus debilidades, pero que no tolera sus hábitos.

Los pastores de la iglesia cuando se dirigen a la congregación, dice Miller, enfatizan los beneficios económicos de renunciar a las adicciones. Estas iglesias funcionan "como escuelas de negocios, pero de manera local" ya que los pastores dan sermones en los cuales se promueve el ahorro y la responsabilidad económica.