Segunda de tres partes
"Yo era como un esclavo", dice Marcos, cuyo apellido no podemos mencionar porque es un inmigrante indocumentado. "Era mi primer pensamiento de la mañana, y el ultimo de la noche."
Vestido con la camisa roja que los misioneros pentecostales de Elim Central llevaban para diferenciarse, este guatemalteco describe cómo era su vida antes de la conversión.
"Me pasaba los días bebiendo," dice a un grupo interracial de necesitados, sentados en sillas dispuestas para ellos por otros evangelistas.
Los presentes se congregaron para comer huevos revueltos, frijoles, arroz, donuts, café y jugo, desayuno que los evangelistas preparan cada domingo.
En este domingo de julio, se reúnen en un parque del sur de Los Ángeles.
Después de que el alcoholismo hizo que perdiera su trabajo y causó la ruptura de su familia, Marcos decidió que lo mejor sería comenzar otra vez su vida en un nuevo pais.
Hace tres años, se fue de Guatemala, atravesó México y llegó a EE.UU. Pero cuando él y sus compañeros caminaban por el abrasador desierto de Arizona, se perdieron. No sabían cómo llegar a destino. En pocas horas se les acabó el agua.
Seguro de que aquel era el final, y que morirían anónimamente en tierra extraña todos se desesperaron. Todos, excepto uno de ellos. "Ya verán," recuerda Marcos que dijo el hombre, "Dios nos salvará".
Aquel hombre le dijo entonces a Marcos que era Cristiano y que había aceptado a Jesús como su salvador. Por eso, sabía que lo salvaría.
"Y Él lo hizo", dice Marcos. "Nos salvó y no tuvimos que ir a pedir ayuda a la migra, lo que llevaría a que fuéramos devueltos a nuestros países."
Trabajosamente, pudieron encontrar una ciudad y en ella comida y agua. Se abrieron paso y llegaron a Los Ángeles.
Pasó un tiempo. Mientras veía la televisión una noche, Marcos sintonizó el canal 57. Estaban proyectando un programa pentecostal llamado "La Puerta Abierta", que mencionaba la iglesia Elim Central, situada en las calles Hoover y Manchester del sur de la ciudad.
Deseando fervientemente tener un nuevo comienzo en la vida, Marcos tomó el autobús y llegó a la iglesia. Allí, cuenta, los congregantes lo dieron la bienvenida y le hicieron sentir sentir que Dios lo amaba sin importarle cuáles hayan sido sus pecados previos.
"El corazón es duro", ríe Marcos; "pero Dios lo suaviza y cambia tu vida".
Marcos cuenta que aceptó al Señor con fervor. Sentía que Jesús entraba en su corazón y borraba su adicción. Lo bautizaron con agua y con el Espíritu Santo. Y así experimentó un segundo nacimiento. De allí se convirtió en un ardiente Pentecostal. Cambió el alcohol por la religión y la comunidad, y se sintió impulsado a ayudar a que otros también encontraran a Cristo, el Redentor, así como lo había encontrado él.
Marcos se ha unido a muchos ex-adictos que han dejado su vicio y han optado por la fe, en particular la del pentecostalismo, una religión que comenzó en Los Ángeles en 1901 y se organizó en 1906.
Esta religión, que enfatiza el bautismo del Espíritu Santo y hablar en lenguas, es la de más rápido crecimiento en todo el mundo. Y los centroamericanos en el sur de California, que por tradición han sido siempre católicos, se ponen en grandes números bajo el manto del pentecostalismo. Así lo han hecho, tanto en Los Ángeles, ciudad que alberga la mayor comunidad de guatemaltecos, salvadoreños y hondureños fuera de sus países, como en Centroamerica.
Una de las principales razones por las cuales este movimiento religioso ha atraído a los centroamericanos, dicen los expertos, yace en que da la bienvenida a todos por igual, y especialmente se dirige a aquellos que han tenido adiciones; los absuelve, purifica y abraza.
"La jerarquía dentro de los pentecostales es más equitativa", dice Richard Flory, profesor de sociología de la Universidad del Sur de California (USC) y un investigador del Centro de Religión y Cultura Cívica de esta institución.
Flory es parte de la Pentecostals and Charismatic Initiative, un proyecto que pretende recolectar información sobre este movimiento religioso en Los Ángeles.
"Según los pentecostales", dice Flory, "el Espíritu Santo puede hablar con cualquiera. De modo que aún aquellos que se sienten avergonzados de su forma de vivir perciben que podrán comunicarse con Dios".
Donald Miller, profesor de religion de USC, y coautor de Global Pentecostalism: The New Face of Christian Social Engagement, explica que el pentecostalismo a menudo atrae a los adictos y desafortunados porque les puede ayudar a dejar el vicio en un ambiente seguro y cálido en el cual puedan curarse sin correr el riesgo de ser juzgados o de recaer en la adicción.
"En el pentecostalismo, no se permite la bebida, el juego, los cigarrillos o la afición a las faldas," dice Miller.
"Por eso, cuando la gente abandona esos vicios, experimenta una mejora económica. De pronto les queda un excedente para la educación o para los negocios. De esta manera, la conversión posibilita ascender en la escala social," concluye.
Pero si la iglesia católica en La Placita es una indicación de la fe católica, el catolicismo sigue siendo una parte integral de la vida de la comunidad latina en Los Ángeles. Durante una visita, la iglesia y su patio están repletos de personas que esperan entre misas y los asistentes a un bautismo son tantos que caben solamente parados.
José López, un guatemalteco de 40 años que viste una túnica púrpura observando con interés la ceremonia cerca de un modelo de cera de Jesús, dice que no cree que la Iglesia Católica se haya desacreditado y que él ha sido y será siempre un católico. Participar y presenciar un bautismo es importante, agrega, porque "en él comienza la salvación, porque Jesús significa la salvación".
"Esto parece un mercado más que una iglesia", dice el diácono Alberto Cutie sobre la sala repleta, y da inicio a un sermón en el que enfatiza que el matrimonio debe ser como una sociedad, en donde el hombre y la mujer son iguales.
Contrariamente a los pentecostales, los católicos no requieren a sus miembros renunciar a cosas como el alcohol. Para algunos, esa diferencia es de inmensa importancia.
"Ser un esclavo a algo es una experiencia horrible", dice Marcos. "Si hay algo que no te gusta debes hacer algo contra eso". Para él, eso significó una conversión total a un movimiento que lo acepta con sus debilidades, pero que no tolera sus hábitos.
Los pastores de la iglesia cuando se dirigen a la congregación, dice Miller, enfatizan los beneficios económicos de renunciar a las adicciones. Estas iglesias funcionan "como escuelas de negocios, pero de manera local" ya que los pastores dan sermones en los cuales se promueve el ahorro y la responsabilidad económica.