"Ellos no están aislados. Los 12 millones de inmigrantes indocumentados, así como los inmigrantes legales que llegaron a este país recientemente, viven en nuestras comunidades… es imposible ignorarlos. Lo que le suceda a los inmigrantes afecta al sistema de salud y a toda la reforma de salud. Si no logramos incluirlos, no será una reforma de salud efectiva", manifestó Jennifer Ng’andu, portavoz de NCLR.

Para Kevin Appleby, director de Servicios Migratorios de la Conferencia de Arzobispos de EEUU, el problema radica en que un tema de salud pública se está viendo como un problema político.

"Los inmigrantes, legales o indocumentados, quieren participar en la vida de Estados Unidos, están aquí trabajando y son parte del sistema. El sentido común nos dice que hay que dejarlos participar. Hay que permitirles ser parte del sistema porque de todas formas utilizarán el sistema. De los 12 millones de indocumentados, alguno se va a enfermar o tendrá un accidente, y el costo para todos será mayor si esa persona no cuenta con atención médica", dijo Appleby.

Este dejó clara que la postura de la iglesia cvatólica de que no importa donde una persona haya nacido, lo que debe predominar es su contribución a la sociedad y su necesidad de que sea tratado con dignidad cuando enfrenta un momento difícil como una enfermedad o un accidente.