TIJUANA, México.— Las sexoservidoras mexicanas se enfrentan actualmente no sólo a la crisis económica o a la ausencia de clientes por la nueva ola del virus de la gripe H1N1, sino también a la competencia de mujeres estadounidenses que buscan clientes en la zona de tolerancia de esta ciudad fronteriza.
"¿Cuánto cobra?", pregunta en inglés un turista estadounidense.
Ella, de unos 30 años de edad, viste una camisa transparente color blanco y rojo, con aplicaciones brillantes en el pecho, leggins largos de color negro y sandalias de tacón. A simple vista aparenta ser una típica turista anglosajona, pero la delata una conversación con un cliente en una esquina de la zona de norte."Tengo una habitación a dos cuadras de aquí", responde la prostituta estadounidense, sin darle precios a su posible cliente.
"Pero quiero saber cuánto", insiste el hombre.
"Treinta dólares por quitarme la ropa", responde.
Las tarifas de las prostitutas estadounidenses son muy parecidas a las de las mujeres del área. Por el "trabajo completo", ella cobra alrededor de 60 dólares o más.
Algunas cobran más dependiendo del cliente y de lo que éste solicita. Otras mujeres más veteranas pueden cobrar menos por su edad, a pesar de la experiencia.
Gloria, una sexoservidora de la organización que defiende los derechos de las prostitutas, llamada "Las Magdalenas", explica que desde que golpeó la crisis económica a este sector a mediados del año pasado, ha visto cada vez más a mujeres estadounidenses que recorren las calles de la zona de tolerancia."Todas las que hemos visto son altas, güeras y no hablan español. Ellas se acercan a los clientes que parecen turistas y les ofrecen sus servicios", cuenta Gloria, una trabajadora sexual que lleva 18 años realizando esa actividad en las calles de Tijuana.
Cuando las estadounidenses comenzaron a llegar a Tijuana, ‘Las Magdalenas’ no sabían que se enfrentaban a una tendencia; creían que era alguna estadounidense que se había perdido en la frontera y que sólo buscaba dinero para regresar a casa.
Pero no fue así. Desde diciembre del año pasado, las estadounidenses son más visibles no por su vestimenta que tiende a ser menos delatora, sino porque se paran en las esquinas con una actitud muy amigable hacia los clientes potenciales.
Víctor Clark, director del Centro Binacional de Derechos Humanos con base en Tijuana y catedrático de la Universidad de California en San Diego (UCSD), comenta que, según lo que ha podido observar, las estadounidenses que deciden dedicarse al oficio más viejo del mundo al sur de la frontera son homeless y en su mayoría drogadictas.
"Este es un fenómeno que se está dando. Las americanas trabajan como prostitutas en Tijuana porque es más seguro que en Estados Unidos", comenta Clark.
A diferencia de su vecino del norte, en México la prostitución no es ilegal, sino que es regulada por las autoridades y la sociedad. Las prostitutas, ya sea en Tijuana o en cualquier otra ciudad de México, tienen su propia área en donde pueden vestir superminifaldas, camisas cortas y maquillaje pesado.
En Tijuana la zona de tolerancia se llama "Zona Norte".
Esta área está llena de bares, hoteles en donde se cobra por hora, cajeros automáticos y algunas ventas de comida en las aceras. El platillo principal a la venta son tacos de carnitas y de carne asada.
"Tijuana siempre ha sido un paraíso para las personas que buscan trabajo. En el pasado, la tasa de desempleo ha sido de 2%, o sea, muy por debajo del desempleo a nivel nacional. Ahora, a pesar de que el desempleo llega al 8%, aun así es muy atractiva para muchas personas, tanto que hasta las homeless del otro lado de la frontera buscan trabajo aquí", explica Clark.
Pero no sólo las estadounidenses han decidido trabajar en Tijuana, sino también muchas amas de casa.
"En el día se ven a muchas amas de casa que vienen con bolsas a trabajar a la zona. Se nota que son amas de casa y que lo hacen para obtener un dinerito extra", dice Elvia, otra trabajadora sexual agremiada en Las Magdalenas.
Al respecto, Clark asegura que las amas de casa son mujeres mayores, entre 50 a 70 años de edad, y que en muchos casos hasta se les ha visto llevar a sus nietos o nietas al interior de los hoteles mientras ellas trabajan.
"La crisis económica está afectando a todos los sectores. Estas mujeres mayores trabajan dos o tres veces por semana", agrega el catedrático de UC San Diego.
"La competencia no nos asusta. La gripe nueva no nos asusta. El sida tampoco nos asusta porque practicamos sexo seguro. A lo que más le tememos es a la crisis económica", acota Gloria.