Diversas calles de Tijuana son identificadas como áreas donde prolifera el ejercicio de la prostitución. (FOTO: Yurina Rico/La Opinión)
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TIJUANA, México.— Las sexoservidoras mexicanas se enfrentan actualmente no sólo a la crisis económica o a la ausencia de clientes por la nueva ola del virus de la gripe H1N1, sino también a la competencia de mujeres estadounidenses que buscan clientes en la zona de tolerancia de esta ciudad fronteriza.

"¿Cuánto cobra?", pregunta en inglés un turista estadounidense.

Ella, de unos 30 años de edad, viste una camisa transparente color blanco y rojo, con aplicaciones brillantes en el pecho, leggins largos de color negro y sandalias de tacón. A simple vista aparenta ser una típica turista anglosajona, pero la delata una conversación con un cliente en una esquina de la zona de norte."Tengo una habitación a dos cuadras de aquí", responde la prostituta estadounidense, sin darle precios a su posible cliente.

"Pero quiero saber cuánto", insiste el hombre.

"Treinta dólares por quitarme la ropa", responde.

Las tarifas de las prostitutas estadounidenses son muy parecidas a las de las mujeres del área. Por el "trabajo completo", ella cobra alrededor de 60 dólares o más.

Algunas cobran más dependiendo del cliente y de lo que éste solicita. Otras mujeres más veteranas pueden cobrar menos por su edad, a pesar de la experiencia.

Gloria, una sexoservidora de la organización que defiende los derechos de las prostitutas, llamada "Las Magdalenas", explica que desde que golpeó la crisis económica a este sector a mediados del año pasado, ha visto cada vez más a mujeres estadounidenses que recorren las calles de la zona de tolerancia."Todas las que hemos visto son altas, güeras y no hablan español. Ellas se acercan a los clientes que parecen turistas y les ofrecen sus servicios", cuenta Gloria, una trabajadora sexual que lleva 18 años realizando esa actividad en las calles de Tijuana.