En las elecciones de noviembre de 2008, Obama obtuvo el 67 por ciento del voto hispano, en comparación con el 31 por ciento que recibió su rival, el senador republicano John McCain.

Al votar contra Sotomayor, los republicanos cedieron a las presiones de su base conservadora y de grupos como la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA), aunque se arroparon en la queja de que el historial de la jueza presuntamente delata "prejuicios personales" y, que por lo tanto, no tendría independencia jurídica.

Aunque se sumaron al coro de elogios a la vida y obra de Sotomayor, a los republicanos les molestó sobremanera que, en un discurso en 2001, ella afirmó que "una mujer latina sabia" tendría mejor capacidad de emitir decisiones que un juez blanco que no ha tenido esas vivencias.

Los demócratas advirtieron una y otra vez que un voto en contra de Sotomayor sería un voto en contra del liderazgo hispano en Estados Unidos.

El senador republicano de origen cubano, Mel Martínez, respaldó a la jueza y también advirtió el miércoles del daño que ese voto causaría a su partido.

"Hemos permitido que la ideología tenga un papel predominante (en el debate sobre Sotomayor), en vez de sus cualificaciones", se lamentó Martínez, republicano por Florida.

Los hispanos, que como grupo van ocupando cada vez más espacios en los gobiernos locales, estatales y federal del país, conforman el 15 por ciento de la población y cerca del ocho por ciento del electorado en EE.UU.

Con Sotomayor tendrán finalmente voz en el Supremo, máxima instancia judicial que tiene la última palabra en los asuntos más contenciosos de la vida nacional, como el aborto, la tenencia de las armas, la libertad de expresión, los derechos civiles o la política de seguridad nacional.