El pasado 24 de junio Daniel Guadrón se graduó de la secundaria Trenton Central, de New Jersey. [Fotos: AP]
1/3

Daniel, quien estaba en la cama, sabía a quién buscaban los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE): a su madre, quien se había ido a trabajar poco antes. Recuerda que le advirtieron que si no les decía dónde estaba su mamá, se lo llevaban a él.

Daniel se vistió lentamente, contento de que su madre, una mujer dulce que casi no habla inglés, no estuviese allí. La madre trabajaba en la limpieza y cocinaba los mejores platos del mundo con arroz. Estaba criando a sus hijos sola, llenándolos de amor en el modesto departamento que ocupaban en un barrio pobre de Trenton. Daniel estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.

Los agentes lo esposaron, le pusieron grilletes y lo subieron a una camioneta, junto con una familia de Costa Rica que también había sido sacada de la cama. Fueron llevados a Elizabeth, a unos 80 kilómetros (poco más de 50 millas), y encerrados en un sitio lúgubre, en un sector industrial cerca del aeropuerto de Newark. A Daniel le dieron un uniforme azul de preso y lo ubicaron con otros 300 inmigrantes.

"¿Por qué me tratan como un delincuente, si no hice nada?", se preguntó.

Le tomó pocos días descubrir el horrible universo de los centros de detención del ICE, en los que todos los años son retenidas por tiempo indefinido unas 350 mil personas, indocumentadas o que piden asilo, mientras las autoridades deciden su futuro.

Daniel sabía que podía ser deportado si no tenía papeles. Y que sus padres, quienes se habían separado, estaban trabajando con un abogado para tratar de regularizar su situación.