Alberto Angulo es uno de los profesores que se han quedado sin trabajo, pero persiste en mantenerse en el área de la educación. [Foto: J. Emilio Flores/La Opinión]
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"No quiero dejar el sueño de ser maestro, siempre es lo que quise hacer y espero conseguirlo", agregó.

Ulises también espera lograr de momento un puesto como maestro sustituto, aunque no sea de todo su agrado porque supone que, en caso de ser llamado ocasionalmente, cada vez iría a una escuela diferente, además de ganar menos, en función de los maestros permanentes que falten a los salones de clase.

"Me metí a maestro con las mejores intenciones, no para trabajar como si fuera babysitter, a menos de que el maestro haya dejado buenas lecciones que puedan seguirse. Pero todos los esfuerzos para prepararme como maestro veo ahora que desembocan para cuidar niños", dijo Ulises, quien además solicitó cupo como maestro suplente para así no perder los beneficios médicos concedidos por el distrito.

Esos beneficios son los que más le hacen falta a Sandra Ramírez, quien ha trabajado en la primaria Fries. Esta madre soltera de dos hijos fue operada en octubre del año pasado luego de sufrir problemas en la tiroides y necesita revisiones clínicas constantes.

"Trabajé muy duro para llegar a ser lo que quería ser, maestra, y ahora tengo que volver a comenzar desde cero porque nuestras vidas han quedado en las manos del distrito", dijo Sandra.

Alberto Angulo se toma con calma encontrar un trabajo porque vive con sus padres y no tiene demasiadas responsabilidades económicas. Pero distinto es para Sandra, quien el próximo primero de agosto tendrá que volver a pagar la renta y, aunque de momento no sabe que rumbo tomará, señala que también quiere seguir enseñando.

"Pero si tengo que trabajar en otra cosa mientras tanto, no tendré más remedio" .