La Casa Blanca tiene todas sus esperanzas en Sotomayor. [Foto: AP]
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ANÁLISIS

WASHINGTON, D.C.— Sonia Sotomayor, la jueza federal nominada a la Suprema Corte, tiene dos caras: la de hispana, cuyos orígenes se remontan a una familia de la clase trabajadora, y la de una poderosa miembro de la elite estadounidense.

La Casa Blanca describe a Sotomayor como la viva imagen del sueño americano, pero se enfoca más en los tiempos duros de la hispana —que supone una narrativa política más atractiva— que en su etapa de gloria y esplendor.

Describir a alguien complejo de una forma simplista puede resultar peligroso en el caldeado ambiente que se vive antes de su audiencia en el Senado.

El debate sobre el género, la etnicidad y el tramo fiscal de Sotomayor implica riesgos para sus seguidores y sus detractores. Críticas poco constructivas por parte de los republicanos podrían cer mal entre votantes a los que quieren captar. Los demócratas también han de ser precavidos a la hora de debatir en un país incómodo aún con temas de raza y género.

Respecto a la etnicidad, Sotomayor ha reconocido —y contribuido— a la dicotomía. Habla con orgullo de sus raíces puertorriqueñas, pero no siempre le gusta cuando otros lo hacen. Una vez se quejó de una organización a la que era candidata para trabajar por haberla descrito como hispana con frases que ella consideró ofensivas y, sin embargo, Sotomayor ha demostrado con entusiasmo su propia conciencia étnica.

Durante un discurso en California en 2002, la nominada a la Suprema Corte remarcó que ahí "esperaría que una mujer sabia latina con la riqueza de sus experiencias llegaría más a menudo a una mejor conclusión que un hombre blanco que no ha vivido esa vida".