El próximo gobierno, encabezado por el presidente electo Barack Obama (der.) y el vicepresidente electo Joe Biden, tiene fuerte impulso, aunque arrancará en un escenario económico desalentador. (FOTO:AP)
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Pero el recorrido no será fácil y presumiblemente 2009 será rudo en términos económicos. La gran expectativa que genera Obama sugiere que, en el mediano plazo y en un buen escenario, la situación se superará. Pero en lo inmediato no hay solución rápida y las dificultades continuarán en el corto plazo.

Los propios consumidores ven un futuro inmediato poco favorable. Según The Conference Board, en datos citados por EFE, el subíndice que mide la confianza futura en la economía bajó a 43.8 puntos en diciembre de 2008, desde los 46.2 puntos de noviembre, y el porcentaje de personas que cree que esta empeorará en los próximos seis meses avanzó del 28.3 al 32.8%.

Los datos de la bolsa también son desalentadores. En 2008, la pérdida de Wall Street podría rondar, con los datos disponibles al cierre de edición, el 35%, según EFE.

En el mercado inmobiliario la situación de cara a 2009 tampoco es positiva. El índice Standard & Poor's/Case-Shiller de precios de viviendas en 20 ciudades cayó en un 18% con respecto a octubre de 2007, su caída mayor desde la creación del indicador en 2000, indicó AP. Los precios cayeron 23.4% desde que alcanzaron su pico en julio de 2006.

Para la gente común, esta catarata de datos tiene su duro reflejo en los despidos, en la imposibilidad de pagar la hipoteca, en la dificultad para encontrar un nuevo empleo y recibir nuevo crédito, en una comprensible preocupación y tensión.

¿Qué hacer para remediar esta crisis para el ciudadano de a pie? Los rescates financieros, los $700 mil millones aprobados por el Congreso y miles de millones más desembolsados por la Reserva Federal se presentan como necesarios para prevenir desplomes mayores pero, a la fecha, no han frenado los peores efectos de la crisis en la sociedad en general (despidos, desempleo duradero, embargos, reducción del ingreso familiar). Y a escala corporativa aún está pendiente la prometida mejora regulatoria y el castigo a quienes hayan cometido delitos financieros. El caso del macro fraude de Bernard Madoff, $50,000 millones, es emblemático, pero también el frenesí de hipotecas 'subprime' cuya debacle es una de las grandes causas de la actual crisis.