Obama saluda a los presentes durante su primer discurso como presidente electo. (FOTO: AP/Morry Gash)
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Muchos de los dilemas actuales datan de la vieja regla de "una gota", nacida en la época en que los dueños de esclavos tenían relaciones con sus esclavas y procreaban niños mulatos o morenos. Si el bebé tenía aunque fuese una gota de sangre negra, no podía ser considerado un ciudadano con todos los derechos.

Hoy, la variedad de tonalidades que hay entre los afroestadounidenses, incluidos los que tienen ambos padres negros, refleja la presencia de antepasados blancos.

Dado que muchos negros tienen una piel lo suficientemente clara como para pasar por blancos, es posible que haya una cantidad de blancos que tienen negros entre sus ancestros.

Un libro, "Black People and their Place in World History" (Los negros y su lugar en la historia), de Leroy Vaughn, afirma que cinco presidentes estadounidenses ”Thomas Jefferson, Andrew Jackson, Abraham Lincoln, Warren Harding y Calvin Coolidge” tuvieron ancestros negros, lo que convertiría a Obama en el sexto presidente de esa raza.

Agréguele a eso algunos siglos de contacto con indios nativos y con centro y sudamericanos, además de numerosos asiáticos, y resulta que hay una enorme cantidad de personas que necesitarían someterse a un análisis de ADN para saber cuáles son sus verdaderos colores.

Sin embargo, el mundo nunca tuvo un caso tan resonante que ilustre los dilemas en torno al debate racial. Apenas resultó elegido Obama, se avivó ese debate.

"No nos olvidemos que no solo es el primer presidente afroamericano, sino también el primer candidato birracial. Y que fue criado por una madre soltera blanca", resaltó un comentarista de la cadena Fox News poco después de que Obama fue confirmado como el ganador de las elecciones.