En una granja de Ontario, niños católicos y musulmanes se mezclan en la búsqueda del mejor chivo para sus fiestas religiosas. (FOTO: Claudia Núñez/La Opinión)
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Pero en esta industria la mujer hispana también juega un papel importante. En menos de 10 años el número de propietarias de granjas de cabras aumentó más del 43%, disparando la cifra de 512 en 1997 a casi 800 en 2006.

Como en la religión, en la matanza del chivo también se dan profundas diferencias entre católicos y musulmanes.

Para estos últimos las cabras deben ser sacrificadas al concluir el rezo de la mañana y la matanza se hace siguiendo el rito de Allah, que establece que el "matarife" debe colocar la cabeza del animal mirando hacia la Mecca y hacer la cortada con un cuchillo santo, según marca la tradición.

"Dividimos la carne en tres porciones. Uno para la familia, uno para los amigos y la tercera parte para nuestra comunidad", detalló Sheikh.

Sin ritos especiales y la mayoría de las veces evitando utilizar un rastro público, los hispanos suelen degollar a la cabra hasta que ésta se desangre.

"Casi todos le dan una propina al ‘matancero’ y así se evitan los 25 dólares del rastro", comenta Don Víctor.

El costo por cabra se cotiza entre los 70 a los 140 dólares y nuevamente son los musulmanes quienes suelen llevar los mejores especímenes.

"Buscamos ofrecer a Dios lo mejor, no presentarle cualquier animal flacucho o viejo", opinó Rafique Sheikh.

Así, en este mes de diciembre, ya sea en honor de Abraham o de la virgen de Guadalupe, con birria o asados árabes, lo cierto es que estas fiestas representan un gasto mínimo de 200 dólares por familia.

Un sacrificio que según los creyentes se agradecerá desde el más allá. En el mundo de los mortales sin duda los chiveros hispanos ya reciben las bendiciones.