MÉXICO, D.F.— En México no hay reelección, pero sí hay trampolín para los políticos. Saltan de la Cámara de Diputados, al Senado y de ahí a una presidencia municipal y después van de vuelta al Congreso. Una y otra vez sin haber rendido cuentas jamás".
El espíritu de la creciente campaña por el Voto Nulo o Voto Blanco, lo resume así una de sus principales promotoras, la politóloga y periodista Dense Dresser: el voto, el hartazgo.
Sumando cada vez más seguidores a través de sus páginas web y utilizando herramientas como los sitios de red sociales por internet, el movimiento intranquilizó primero a los partidos políticos; luego, a intelectuales y empresarios que consideran el voto blanco como "un retroceso a la democracia" y ayer entró también al debate el presidente Felipe Calderón. "La clave para mejorar las cosas en México no está en alejar a la ciudadanía de la política o de la representación nacional, sino al revés, la clave es cerrar y no abrir la brecha entre ciudadanía y entre política", dijo el mandatario durante un discurso oficial.
La preocupación por el Voto en blanco en la cúpula política radica en la argumentación de periodistas abogados, artistas, académicos y hasta ex políticos con poder de convocatoria (han reclutado a 19 organismos no gubernamentales) y con argumentación sólida.
"¡Nadie de este movimiento invita a abstenerse, todo lo contrario, estamos invitando a los ciudadanos a salir a manifestarse pacíficamente y anular su voto. A eso llamamos votar en blanco!", señala el enunciado de votaenblanco.org.mx
Los activistas de esta corriente llaman a cruzar -con una gigantesca equis enmarcada por un círculo- las boletas que el próximo 5 de julio tendrán impresas las propuestas de los ocho partidos que buscan posicionar a sus candidatos.
Entre éstos 500 curules en la Cámara de Diputados (300 por votación directa y 200 por representación proporcional); seis gubernaturas; así como delegados, asambleístas y alcaldes. "La idea es que el voto nulo, algún día, se tome en cuenta. No para hacer de él una tradición, sino para dar permisibilidad a nuevas formas de gobierno electoral", explica Luis Miguel Pérez, director de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey.
"El problema es la inexistencia de mecanismos democráticos como la reelección, las candidaturas ciudadanas, la revocación del mandato y el plebiscito . El problema es que los partidos insisten en que nos representan cuando no es así. No podemos seguir fingiendo", precisa Dresser.
Los opositores a la anulació argumentan que sólo debilita a las fuerzas políticas emergentes y no tiene utilidad concreta pues aún con este mecanismo de protesta habrá funcionarios electos. "El camino que hemos escogido son las elecciones. No tenemos otro camino, sabemos que las cartas están marcadas, que nos hacen fraude, pero no debemos dejar de participar en las elecciones", insiste en propaganda el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, que pretende incrementar el número de seguidores para el Partido del Trabajo.
Sumados a los anulistas, los políticos llevan también en su contra los altos niveles de abstencionismo que, según la magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), María del Carmen Alanís, advirtió que para los comicios se espera un abstencionismo de 70% o más.