Jorge Mario Paredes Córdova llega a Miami el 1 de mayo de 2008, después de ser capturado en Honduras. Foto: Cortesía DEA
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Hasta 2002, “el Profe” era uno de los acusados en el caso 03 CR 987, donde constan estos datos. Una oferta de colaboración le permitió brincar la cerca, esperando aterrizar sobre una condena benévola. La fachada duraría cerca de tres meses. Uno a uno, “el Profe” fue halando a sus confiados socios hasta la garganta de la DEA. Hábil. Siguiendo las reglas de su propio juego, embaucó casi a todos.

Usó seis teléfonos celulares facilitados y pinchados por la DEA. Cuando “Lico” lo llamó para cobrarle $2 millones de “El Gordo” (que “el Profe” envió a México), y otros $150 mil de Jeto (una deuda desde 2002), del otro lado del auricular lo escuchaban tres personas en Nueva York: “el Profe” y dos agentes de la DEA, que luego filmaron y grabaron a “Lico” y al “Profe” reunidos en un restaurante en Queens.

El 22 de febrero de 2003, Lico esperaba un cargamento que Jeto enviaría desde México, pero todavía tenía almacenados otros 1,400 kilos desde 2002. Y no tenía donde poner tanta coca. Entonces recordó que “el Profe” le había hablado de un contacto en Chicago, que podía guardarle todo y era seguro. También pensó en exigirle “unos papeles” (dinero) de “El Gordo” (de quien era cobrador). Eran $49,980 que “Recluta” le entregó a “el Profe” en El Bronx para enviar a Guatemala.

Pero al acudir a una cita el 3 de marzo, con “el Profe” y su “bodeguero” en el restaurante Cocula en Chicago, Lico compró un boleto sólo de ida para la cárcel. El bodeguero (el contacto del “Profe” en Chicago) resultó ser un agente encubierto de la DEA, quien además presenció cuando Lico recibió del “Profe” los $49,980 de ganancias por la venta de droga. Cuando “Lico” lo supo más adelante, ya estaba perdido.