Jorge Mario Paredes Córdova llega a Miami el 1 de mayo de 2008, después de ser capturado en Honduras. Foto: Cortesía DEA
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Ciudad de Guatemala, Guatemala — No te confíes ni de tu sombra…

En 2003, en Nueva York, el “Profe” tenía a todos en sus manos. Desde Chicago, “Lico” le pedía contactos con bodegueros para guardar cargamentos. Desde Guatemala, “León” lo conectó telefónicamente con “El Gordo”, uno de los capos en ese país.

“El Gordo” le enviaba a “toda la familia” (grandes alijos) y le encomendaba el cobro de los miles de dólares que se pagaban por la droga en Nueva York. “Otto”, hermano de Lico, lo llamaba también desde Guatemala para enviarle a los “muchachos del banco” (cobradores). Mientras tanto, “Jeto” le avisaba que estaba por “subir” (de México a EE.UU.) “con unas muchachas muy bonitas” (kilos de droga de alta pureza). Y desde Miami, “El Mono” le pedía contactos con compradores para vender mercancía recién llegada. Ninguno sospechó que mientras hablaban, el “Profe” ya jugaba para otro equipo: la DEA (la Administración Antidrogas federal).

En 2002, sólo por Guatemala pasaban unas 200 toneladas de cocaína al año rumbo a EE.UU., sin contar otras rutas, según estimaciones de la Sección de Asuntos Narcóticos de la Embajada de EE.UU. en ese país. Ese año, en EE.UU. la policía sólo incautó la tercera parte de esa cantidad. En Guatemala la policía sólo retuvo el 1%.

La DEA reaccionó y obtuvo la autorización judicial para al menos 50 escuchas telefónicas y el uso de informantes en diez estados. En 2003, Nueva York fue uno de ellos.

El primer pez mordió el anzuelo entre la 8ª avenida y la calle 34, cerca de Penn Station, en Manhattan, en enero de 2003. Ocurrió en una reunión para hablar de 265 kilos que “El Pingüino” transportaba desde Pensilvania hasta Nueva York cuando la policía lo interceptó en el camino. Eso no lo sabía “Pipiolo” cuando llamó al “Profe”, quien en un juego de póker verbal le hizo creer que sí recibió la carga. Lo mismo hizo con un sujeto que se reunió con él cerca de la intersección mencionada, bajo los ojos vigilantes del Departamento de Justicia.