Opositores del presidente Pervez Musharraf celebran el anuncio de su retiro de la jefatura del estado tras nueve años en el poder. (FOTO: AP)
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En ese lugar, los aspirantes a combatientes islamistas practican las artes marciales, arquería y equitación además de recibir instrucción religiosa, según relató un ex integrante del grupo Jaish-e-Mohammed, que pidió quedar en el anonimato por temor a ser identificado por sus ex camaradas o las autoridades.

Montar a caballo es considerado especialmente meritorio por muchos extremistas porque en las enseñanzas islamistas se hace referencia a esta habilidad.

Pakistán ha sido escenario de una serie de ataques, incluida una reciente emboscada de los jugadores de cricket de Sri Lanka en Lahore, la capital de Punjab, y una tregua con los extremistas en Suat, a menos de 100 millas de la capital, Islamabad, no parece ser respetada.

Mientras la violencia forma parte de la vida cotidiana, el presidente paquistaní y el líder de oposición se han enfrascado en una enconada disputa política que ha expuesto la vulnerabilidad del gobierno civil que sucedió al régimen militar del general Pervez Musharraf.

Pakistán proscribió al grupo Jaish en el 2001, pero no ha hecho nada para desmantelarlo, en parte por temor a represalias pero también porque éste y otros grupos en Punjab fueron creados por los poderososo servicios de inteligencia como una fuerza representativa en Afganistán y en Cachemira, un territorio que también reclama la India.

"Uno podría decir que Jaish sigue con sus actividades como de costumbre", destacó Mohammed Amir Rana, del Instituto de Estudios por la Paz, de Pakistán, que observa a los grupos militantes. "Los militares desean mantener vivas sus opciones estratégicas en Cachemira. El problema es que no puede restringir a los milicianos a un lugar. Uno no puede tenerlos bajo control".

Además del centro de equitación y de artes marciales, los milicianos Jaish administran libremente dos impresionantes escuelas de internado en Bahawalpur, un polvoriento pueblo de 500.000 habitantes, las cuales son financiadas por simpatizantes de todo el país.