Nueva York/especial para edlp
— España está de luto. El país ha comenzado a enterrar los cuerpos sin vida de las víctimas del vuelo JK 5022, operado por la compañía Spanair, que el pasado miércoles, 20 de agosto, se estrellara en el aeropuerto madrileño de Barajas provocándole la muerte a 153 personas que iban abordo.El país, inmerso en un profundo dolor, ha iniciado las investigaciones que, previsiblemente, permitirán esclarecer qué ocurrió y los porqués de la terrible tragedia.
Fuera de su territorio, en New York, muy lejos de sus casas, los españoles viven con tristeza lo acontecido en el país europeo donde tan sólo 19 de los 172 pasajeros que viajaban en el fatídico vuelo lograron sobrevivir al siniestro.
“Cuando escuchamos las primeras noticias no podíamos creerlo”, explica la joven Mireia Corell, de 20 años, que durante el mes de agosto estudia inglés en una academia neoyorquina. Desde el miércoles, el accidente es el tema central de la mayor parte de las conversaciones de la comunidad española en la ciudad.
La catástrofe no ha pasado desapercibida para nadie. A través de Internet y de los medios de información local todos ellos se han ido enterando de las primeras reacciones, la evolución de los acontecimientos y, en definitiva, la magnitud de la tragedia.
“Estas situaciones se viven con más angustia desde la distancia, aquí duele aún más lo que ha ocurrido en España, este accidente es una tragedia colectiva para todo el país” , aseguró Beatriz Martínez de Larramendi, una turista española que un día antes del accidente partía del mismo aeropuerto. “España ya ha sufrido mucho y algunas de sus heridas continúan sin cicatrizar”, añadió su compañera de viaje, Isabel Lucas, haciendo referencia a los atentados que el 11 de marzo del 2004, también en esta capital y que le costaran la vida a 190 personas.
Por su parte, el madrileño Álvaro García lamenta con tristeza que España sea portada en los periódicos de todo el mundo con una noticia así: “Me pregunto qué imagen tienen de nosotros los neoyorquinos y los ciudadanos de otros países cuando ven las imágenes de Barajas”. Para otros, como la estudiante Amalia Agudo, la preocupación y el miedo aumentan pensando en la vuelta a casa: “Ahora tenemos que volar nosotros”.
Procedentes de distintas ciudades ahora unidos por la tristeza y el pesar que, por las calles de Nueva York, sintieron pensando en los que perdieron la vida en un instante.








