El escritor Javier Sicilia lee sus notas en las que reclama a Felipe Calderón el cese de la violencia en México. EFE
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Fue una catarsis. La procuradora de la República y el primer mandatario hicieron un recuento de los avances de este y algunos otros casos expuestos: que si habían capturado a Arturo Gallegos "El Farmero", que si había caído un tal Andrés Buchereit, gatillero de "El Patotas"…

Julián Le Barón enrojeció en ese momento y tomó la palabra para aclarar que a pesar de la detenciones ninguno de los inculpados había recibido sentencia por el asesinato de su hermano Benjamín Le Barón y su amigo Carlos Whitman, ni por su tío, ni cuñado, ni vecinos de la comunidad mormona de Galeana, Chihuahua.

"No ofendan la memoria de mis hermanos [diciendo] que se ha cumplido con la justicia en los crímenes contra nosotros", reprochó para evidenciar la estadística de que solamente el 4% de los detenidos son juzgados.

El mandatario mexicano justificó el retraso de los juicios por el sistema legal que requiere pruebas, "se dice que tal o cual hizo muchas cosas, pero hay que probarlo". Esto, aunado a la corrupción de los jueces, hacen de la justicia en el país un tormento.

Sicilia dejó a un lado la solemnidad del lenguaje y tomó la palabra para resumir lo que a su juicio es la causa de la violencia: "Si los criminales son tan cabrones e hijos de la chingada es porque en las instituciones está la corrupción; si el gobierno hubiera hecho su trabajo mi hijo no estaría muerto".

Incluso Calderón no hubiera perdido a su amiga "Maribel", quien era secretaria de cabildo en el Ayuntamiento de Uruapan, a quien ayer recordó para informar que también tiene pérdidas de seres queridos.