MÉXICO, D.F.— Los ojos de María Elena Herrera estaban enrojecidos por el llanto, el dolor, la furia y la impotencia. "Queremos que se pongan a trabajar", exigió mirando uno a uno a los secretarios de Estado que acompañaban al presidente Felipe Calderón Hinojosa.
Esta humilde mujer, oriunda de Pajacuarán, Michoacán, que tiene desaparecidos a cuatro hijos, detuvo la mirada en Marisela Morales, titular de la Procuraduría General de la República (PGR) y se dirigió a ella como madre, como esposa y como responsable de la impartición de la justicia en el país.
"Esa condecoración que le dieron en Estados Unidos (Premio al Valor de la Mujer) por algo se la dieron, pero yo la quiero condecorar cuando encuentre a mis hijos", la retó entre lágrimas durante su intervención en el diálogo entre el Ejecutivo y las víctimas de la delincuencia organizada.
El caso de María Elena Herrera fue seleccionado para exponerse frente a las autoridades como una síntesis de pobreza, impunidad, abandono y desidia.
Juan Carlos, otro hijo de Herrera, hizo la investigación y descubrió que dos de los hermanos desaparecidos fueron secuestrados por autoridades de Guerrero en 2008 y los otros en un retén militar de Veracruz en 2010 cuando viajaban para comprar joyería despedazada de oro, su negocio.
Llevó la información a las autoridades de los estados y a la PGR, pero nunca lo atendieron. Así que la madre gemía ayer, tan alto y de una forma tan conmovedora, que Calderón se levantó de su asiento y caminó 10 pasos para consolarla con palmaditas en la espalda y tomando para sí un fólder amarillo: las pruebas del caso.
"Me hubiera gustado que viera a mis cinco nietecitos (de entre uno y siete años de edad) el día del padre sin padre, para que viera cómo se abre la herida", susurró la mujer al oído del presidente.
Fue una catarsis. La procuradora de la República y el primer mandatario hicieron un recuento de los avances de este y algunos otros casos expuestos: que si habían capturado a Arturo Gallegos "El Farmero", que si había caído un tal Andrés Buchereit, gatillero de "El Patotas"…
Julián Le Barón enrojeció en ese momento y tomó la palabra para aclarar que a pesar de la detenciones ninguno de los inculpados había recibido sentencia por el asesinato de su hermano Benjamín Le Barón y su amigo Carlos Whitman, ni por su tío, ni cuñado, ni vecinos de la comunidad mormona de Galeana, Chihuahua.
"No ofendan la memoria de mis hermanos [diciendo] que se ha cumplido con la justicia en los crímenes contra nosotros", reprochó para evidenciar la estadística de que solamente el 4% de los detenidos son juzgados.
El mandatario mexicano justificó el retraso de los juicios por el sistema legal que requiere pruebas, "se dice que tal o cual hizo muchas cosas, pero hay que probarlo". Esto, aunado a la corrupción de los jueces, hacen de la justicia en el país un tormento.
Sicilia dejó a un lado la solemnidad del lenguaje y tomó la palabra para resumir lo que a su juicio es la causa de la violencia: "Si los criminales son tan cabrones e hijos de la chingada es porque en las instituciones está la corrupción; si el gobierno hubiera hecho su trabajo mi hijo no estaría muerto".
Incluso Calderón no hubiera perdido a su amiga "Maribel", quien era secretaria de cabildo en el Ayuntamiento de Uruapan, a quien ayer recordó para informar que también tiene pérdidas de seres queridos.